Polí­tico versus estadista


En la vida existen diferentes etapas. El hombre, en lo educativo se inicia por la escuela primaria, secundaria, la universidad y a continuación puede seguir una maestrí­a y concluir un doctorado.

Juan Francisco Reyes López
jfrlguate@yahoo.com

En la polí­tica, el ciudadano se inicia participando en asociaciones, sindicatos, gremios o cámaras y prosigue su participación al decidir ser miembro de un partido, dentro del cual existen etapas: ser afiliado, ser electo miembro del comité ejecutivo municipal, departamental y nacional; existiendo en esta evolución el nivel de ser secretario general o secretario general adjunto del comité ejecutivo nacional.

Todas estas etapas son parte del actuar polí­tico, llevan intrí­nseca la natural y legí­tima aspiración de obtener la postulación interna y la elección externa para poder actuar en la vida nacional, departamental o municipal como diputado, alcalde, concejal o sí­ndico y, en algunos casos continúa al ser postulado y electo Presidente o Vicepresidente de la República.

Son cientos de cientos los ciudadanos, hombres y mujeres, que han vivido y cumplido -desde la independencia de nuestro paí­s- estas instancias, todas ellas llevan implí­cito el actuar polí­tico y con ello la legí­tima aspiración de ganar la siguiente elección, produciéndose una carrera polí­tica, basta ver al Congreso de la República, a los partidos polí­ticos, a las corporaciones municipales, donde fácilmente se comprueba que muchas personas son diputados, han sido diputados, alcaldes, concejales y sí­ndicos durante varias oportunidades pero ¿cuántos de ellos pueden decir que han logrado -con su actuar y proceder- rebasar la etapa de polí­ticos para entrar al umbral, al sendero de estadista? Poquí­simos.

Al analizar retrospectivamente nuestra historia, son pocos los nombres que destacan y aceptamos como personas que trascendieron más allá de la polí­tica, que puede estimarse que por su actuar fueron estadistas. En el siglo XIX, podemos decir que hay nombres en el inicio de nuestra independencia como José Cecilio del Valle, Pedro Molina, José Matí­as Delgado y Mariano Gálvez. En los inicios de la patria grande, Francisco Morazán y en la historia guatemalteca Miguel Garcí­a Granados, Justo Rufino Barrios, Rafael Carrera, más recientemente -con los antagonismos correspondientes- Jorge Ubico, Juan José Arévalo, Miguel Idí­goras Fuentes, Mario Méndez Montenegro y Manuel Colom Argueta.

En la última etapa democrática, Vinicio Cerezo Arévalo ha logrado -por su actuar en la integración centroamericana, trasladarse de polí­tico a estadista; menos visible, Alfonso Cabrera Hidalgo tiene el mérito de ser el pensador constitucional del semiparlamentarismo en la polí­tica nacional. Los casi 25 años de la actual democracia, tristemente, no han producido o logrado que la mayorí­a de las figuras públicas dejen de pensar, dejen de actuar en pro de la próxima elección. La actual crisis mundial y nacional requiere de estadistas capaces de concebir y acordar un programa de nación.

«El polí­tico es la persona que actúa pensando en la próxima elección y el estadista es la persona que actúa pensando en la próxima generación.». Los dirigentes polí­ticos tienen la disyuntiva: morir como polí­ticos o nacer como estadistas.