EE.UU. vuelve amargar a Brasil


La brasileña Renata Costa luce decepcionada por la derrota sufrida ante Estados Unidos.

Estados Unidos ganó su tercer oro olí­mpico de fútbol femenino al derrotar el jueves 1-0 a Brasil en tiempo de alargue, con gol de Carli Lloyd (96), en un partido en que las auriverdes no pudieron tomarse revancha del revés de la final de Atenas-2004 ante este mismo rival.


La estadounidense Carli Lloyd (C) recibe la felicitación de sus compañeras, luego de marcar el gol que les representó la medalla de oro.

Las norteamericanas estuvieron a un tris de elevar la cuenta al minuto 116 cuando un disparo de Lloyd pegó en el poste izquierdo, pero las canarinhas tampoco estuvieron lejos de igualar.

Las chicas brasileñas volvieron a fracasar en un nuevo intento por llevarse a casa el oro olí­mpico, tras perder su tercera final de fueste seguida: la de Atenas-2004 ante su rival de este jueves y la del Mundial de China-2007 contra Alemania.

En la capital griega, las estadounidenses también habí­an ganado en el alargue (2-1).

Previamente el seleccionado de hombres habí­a soportado la misma frustración al caer goleado por Argentina 3 a 0.

Las canarinhas habí­an golpeado la puerta norteamericana durante todo el partido, pero un contragolpe de Lloyd, a los 96 minutos, desde la lí­nea del área grande desgajó las ilusiones brasileñas.

Las tricampeonas lograron la medalla dorada en los Juegos de Atlanta-1996, Atenas-2004 y ahora en Pekí­n-2008.

A primera hora, Alemania se apoderó del bronce al derrotar 2 a 0 a Japón.

El partido quedó definido en tiempo de alargue gracias al oportunismo de las norteamericanas que en el tramo final del juego atacaron de contragolpe.

Brasil propuso más, pero Marta y la desbordante Cristiane -sus mejores cartas de gol- fueron atenazada por una homogénea última lí­nea que se encargó de desabaratar todas sus cargas apoyadas por la eficiente gestión de sus volantes de marca.

Acostumbradas al regate y al pase a ras de piso, las brasileñas sufrieron también por las irregularidades de una cancha mojada que no estaba adecuada para el malabarismo ni la cabriola.

A pesar de ello, las auriverdes se dieron modos para atacar y sus cargas más profundas estuvieron en las botas de Marta que disparó con mala fortuna que le llevó a mirar al cielo con los ojos humedecidos y preguntar «Â¿por qué?, ¿por qué?» en una muestra elocuente de su impotencia.

Cristiane lució también con la mecha mojada y apenas pudo generar una carga de riesgo en el primer tiempo.

Una jugada de Marta hizo levantar de sus butacas al público, a los 53, cuando hizo un regate de lujo y disparó con potencia, pero la cuidavallas Solo cubrió bien el costado derecho de su puerta y aguantó el golpe con propiedad.

Para entonces la sociedad Marta-Cristiane no habí­a podido todaví­a enlazar su mortí­fero juego y estaba condenada al ataque aislado, inconexo, por la fuerte marcación sobre ellas con el viejo, pero eficiente, sistema de relevos.

Brasil estuvo a los 71 minutos más cerca que nunca de abrir el marcador luego que Marta se escabulló entre dos defensas y disparó a quemarropa, pero Solo despejó el peligro con la mano derecha en una providencial estirada.

A los 86, Estados Unidos tuvo una opción de anotar pero Barbara, que un minuto antes habí­a cometido un error, respondió con seguridad apropiándose del esférico.

Sin embargo, fue Amy Rodriguez que le perdonó la vida a Barbara, a los 89, cuando en el mano a mano quiso hacer un «globito», débil y sin convicción, que murió en las manos de la golera.

Luego los equipos se fueron al alargue y la historia volvió a repetirse: las norteamericanas validaron su tí­tulo y se colgaron el oro por tercera vez.