La cosificación sexual de la niñez


«Los grandes proxenetas del mundo son los gobiernos».

Lidia Cacho, periodista mexicana.

Ricardo Marroquí­n
rmarroquin@lahora.com.gt

Una vez por semana, en la hora que dura la terapia psicológica, Martí­n remueve el pasado y en ocasiones el tema vuelve a ser el centro de conversación. Tiene más de 20 años, y desde hace más de diez entendió que fue ví­ctima de abuso sexual. Las lágrimas que le salen de vez en cuando expresan la frustración que siente porque nunca nadie se dio cuenta, porque nunca lo pudo gritar, porque se siente «cosa» al recordar que durante algún tiempo se convirtió en la herramienta de satisfacción sexual de su papá.

A sus 3 o 4 años -no recuerda bien cuántos años tení­a, sólo que todo pasó antes de empezar a estudiar-, Martí­n no comprendí­a por qué su papá lo acariciaba de esa manera. Luego de diez o quince minutos de sentirse apresado entre aquellos brazos llenos de vellos que lo sujetaban por el cuello, Martí­n corrí­a al baño a descargar las ganas obligadas; sus deseos de orinar era lo único que lo libraba de la situación. Recuperar su autoestima, valorarse como persona, despojarse de la culpa y tratar de recordar sin dolor, es un trabajo que le ha costado varios años.

El caso de Martí­n no es excepcional. De acuerdo con datos de UNICEF, el 25%% de la población mundial adulta fueron abusados sexualmente durante su infancia, y la mayorí­a de violaciones y abusos sexuales son cometidos por algún pariente cercano.

La «cosificación» de niños y niñas tiene una expresión más aberrante a través de la explotación sexual infantil, negocio que genera más de 700 millones de dólares al año. De acuerdo con datos de Casa Alianza y de UNICEF, en Guatemala es habitual encontrar menores de edad en los prostí­bulos, tanto en las zonas 1, 12, 10 y 14, como en las áreas fronterizas y costeras del paí­s. Las menores que son explotadas sexualmente no son sólo guatemaltecas, también se encuentran nicaragí¼enses, salvadoreñas y hondureñas. Investigaciones de organizaciones que trabajan para prevenir este delito, estiman que unas 2 mil niñas y adolescentes son explotadas en 284 lupanares, bares y salas de masaje de la ciudad capital y, en todo el territorio nacional, el número de ví­ctimas podrí­a ascender a 15 mil. Además de la explotación sexual, los niños y las niñas suelen ser explotados laboralmente y utilizados para la producción de pornografí­a infantil.

El abuso, violación y explotación sexual infantil, son delitos que reflejan la situación de desamparo en que se encuentra la población menor de 18 años. La aprobación de la Ley Contra la Violencia Sexual, Explotación y Trata de Personas, que será presentada en el Congreso de la República, así­ como campañas de sensibilización sobre el tema, representa un camino para lograr la protección de la niñez y el reconocimiento de sus derechos como seres humanos.