De Damasco a Caracas se perfila un nuevo eje de apoyo a Moscú


La visita a Moscú del presidente sirio Bachar al Assad, prevista a partir de este miércoles, contribuye a perfilar un eje antioccidental en torno a Rusia integrado, entre otros, por el venezolano Hugo Chávez y el bielorruso Alexander Lukashenko.


Assad llegará el miércoles a Sochi, la estación balnearia rusa, para reunirse con el presidente ruso Dimitri Medvedev en su residencia de verano a orillas del mar Negro.

Antes que el dirigente sirio, en la residencia veraniega del Kremlin, a dos pasos del territorio separatista georgiano de Abjasia, estuvo el jefe de Estado bielorruso, Alexander Lukashenko, calificado como «el último dictador de Europa» por Estados Unidos.

La posición de Damasco es conocida. «Apoyamos totalmente a Rusia» frente a la «continuación de la polí­tica estadounidense de tiempos de la Guerra Frí­a», declaró Assad en una entrevista publicada en Moscú el miércoles, en la que llama al Kremlin a esquivar a Occidente para recuperar las viejas amistades.

En su pulso con Occidente, Rusia «quiere apoyos y está dispuesta a pagar, y los que se encuentran al margen de la gran polí­tica se han agitado», dijo Viktor Kremeniuk, del Instituto EEUU-Canadá de Moscú.

El martes fue el presidente bielorruso, marginado de la comunidad internacional, quien se mostró halagador con su homólogo ruso.

La intervención armada en Georgia fue «tranquila, seria y bella», aseguró, en un momento en que los paí­ses de la OTAN están debatiendo «la respuesta desproporcionada» de Moscú en Tiflis.

Por su parte, el jefe de Estado venezolano, Hugo Chávez, amigo desde hace tiempo del primer ministro ruso, Vladimir Putin, y jefe de filas de la izquierda antiestadounidense en América Latina, anunció el domingo haber invitado a la Marina de guerra rusa a las costas del Caribe venezolano.

Un anuncio sorprendente de la parte de un paí­s que multiplicó la compra de armas, de aviones de caza y de helicópteros rusos, al mismo tiempo que Occidente, encabezado por Estados Unidos, anulaba su participación en las maniobras navales con la flota rusa.

El anuncio de esta visita de barcos de guerra rusos en la zona, que no se habí­a producido desde hací­a muchos años, suscitó una respuesta inmediata de la Casa Blanca, que calificó el proyecto de «curioso».

Para Fedor Lukianov, redactor jefe de la revista «Rusia en la polí­tica global», la crisis georgiana «catalizó el cambio de ambiente en la escena internacional», iniciado ya con el fortalecimiento de Rusia, amparada por el alza de los precios del petróleo.

Moscú necesita estos apoyos ya que tiene problemas para conseguir el favor de sus vecinos de la ex URSS que, sin embargo, «temen correr la misma suerte que Georgia», añade el analista.

Pero el verdadero cambio dependerá de la determinación de Washington y de la OTAN para continuar la confrontación con Rusia, y de la posición de China, según Lukianov.