La investidura el pasado fin de semana del ex obispo católico Fernando Lugo como Presidente de Paraguay, no sólo marca el final de más de 60 años ininterrumpidos de gobierno del derechista Partido Colorado, que incluyen los 35 del dictador Alfredo Stroeesner, sino suma un nuevo eslabón a la cadena de líderes de la región con ideales socialistas ante el fracaso del neoliberalismo.
El nuevo gobernante quien no usa traje ni corbata y que con frecuencia lleva sandalias, ha prometido profundas reformas sociales ya que el campesinado y los pobres sufren la inequidad y la miseria, resignándose a vivir en el 7%% del territorio paraguayo, mientras la clase latifundista que representa al 7%% de la población usufructúa el 93%% de las tierras.
La apabullante popularidad del ahora Presidente y la fuerza de los votos que lo llevaron al poder, confirman que América Latina busca un nuevo modelo político lo cual es una reacción ante el fracaso social de las medidas privatizadoras del llamado libre mercado, que de libre no tiene nada pues en la realidad es dominado por los sectores más poderosos, dentro de un marco de corrupción, fraudes, escándalos fiscales, quiebras de empresas financieras y el robo de los ahorros de los depositantes por parte de banqueros delincuentes.
La aparición de líderes de izquierda se debe al descontento que existe por los pobres resultados del capitalismo salvaje, en el cual abundan desplantes de los inversionistas extranjeros como los españoles dueños de la Empresa Eléctrica de Guatemala, que en abierto desafío a la soberanía nacional, quieren imponer tarifas leoninas con grave perjuicio para los intereses de los sectores populares.
Este giro hacia esquemas socialistas, es resultado del desencanto ante la voracidad insaciable de las empresas emisoras de tarjetas de crédito que diariamente incurren en el abuso de cobrar intereses del 60 y 70%% en nombre de la democracia.
Este viraje político es consecuencia de las maniobras especulativas de los empresarios locales y extranjeros, cuya ambición de enriquecimiento no tiene límites pues con el pretexto de la inflación y con la bandera del respeto a la propiedad privada, diariamente amasan grandes fortunas con servicios caros y totalmente deficientes como el caso de las compañías de telecomunicaciones del tipo Telgua en Guatemala.
Lo que está ocurriendo en América del Sur, pone en evidencia que la globalización del sistema capitalista y su fórmula de democracia y libre mercado, es un completo fracaso, que no sólo está creando un fermento de ingobernabilidad, sino que cada día alienta más el aumento de la pobreza y la desigualdad en un escenario de impactante violencia y criminalidad.