En el extranjero, Japón no sabe venderse bien


Una tradicional celebración japonesa en donde jóvenes mujeres reciben un

Los japoneses se sienten frustrados: su tecnologí­a está entre las mejores del mundo pero no se imponen en el mercado mundial y su cultura popular levanta pasiones, pero esos reconocimientos no enriquecen a los pequeños creadores, según un informe ministerial.


«En el terreno de las tecnologí­as del medio ambiente, Japón no logra imponerse por falta de peso suficiente en las instancias internacionales, que se concentran en Estados Unidos y Europa», lamentó una comisión del ministerio japonés de Economí­a, Comercio e Industria (METI), en un informe publicado a finales de julio.

«Las tendencias de consumo no deben venir por fuerza de Occidente; Japón puede ser también un lí­der en la materia, valorizando su cultura popular», añadió el informe al notar, sin embargo, que por ahora esto no pasa.

Desde hace varios años, consciente de su reducido papel en la escena diplomática internacional, Japón intenta utilizar sus numerosas tecnologí­as punteras y su cultura popular (los dibujos animados manga, su moda o su gastronomí­a) para hacer palanca y acrecentar su estatura internacional.

No obstante, aún no se reúnen todas las condiciones para que esta estrategia produzca sus efectos, según los expertos.

í‰stos lamentan que las pequeñas empresas niponas en poder de «joyas» tecnológicas no logren encontrar clientes directos en el extranjero.

Así­, numerosas pequeñas y medianas empresas (PYMES) se limitan a vender sus tecnologí­as a los grandes grupos japoneses, que las usan para fabricar sus propios productos.

«Las PYMES deben encontrar por sí­ solas salidas al exterior. Ya es hora de que apunten al mercado mundial, empezando por Asia», subrayó el informe ministerial.

El documento es consciente que, para ello, esas empresas necesitan el apoyo gubernamental y también un asesoramiento para vender sus mercancí­as y tecnologí­as a un precio justo y con la correcta protección de su propiedad intelectual.

Y para los cerebros ministeriales, esto vale también para la cultura popular nipona.

Porque si bien el gobierno se congratula por el entusiasmo que suscitan en el extranjero las creaciones japonesas, esa «nipomaí­a» se concentra esencialmente en los dibujos animados y pelí­culas más vistos o conocidos.

Además, ese fenómeno sólo tiene un público internacional especí­fico que no genera «grandes cifras de negocios» ni es rentable para los pequeños creadores, sin hablar además del pirateo.

«Las ventas de revistas femeninas japonesas explotan en China pero, sin embargo, la difusión de las marcas niponas sigue siendo limitada», criticaron los expertos.

«Si se quiere que el entusiasmo por la cultura popular japonesa se transforme en instrumento de influencia en los comportamientos y en el consumo mundial, es absolutamente indispensable que los pequeños fabricantes y creadores se den a conocer en el extranjero», insistió el texto ministerial.

Este último hace hincapié en la necesidad de ampliar mercados en los paí­ses vecinos asiáticos, donde están surgiendo nuevas clases de consumidores en los que Japón, punta de lanza de Asia, puede ejercer potencialmente su influencia, a condición de que apunte al blanco justo.