Muchas personas que pertenecen a los grupos privilegiados de ser alfabetos, y más si por azares del destino están ejerciendo un cargo en cualquiera de los ministerios de Estado, ministro o viceministro, o en las entidades descentralizadas, secretarías o direcciones generales, creen que lo que ellos hacen, dicen, ordenan y ejecutan, es el «non plus ultra». No hay derecho a rectificación y mucho menos a pedir alguna disculpa si son conscientes de que han cometido errores.
Se dice que en Guatemala existe la cultura de la impunidad, intolerancia, machismo, violencia y discriminación, y hasta una cultura de la incultura; lo cual a «vox pópuli» parece ser cierto. Pero la cultura de la imbecilidad nadie pero nadie se las va a poder quitar, porque a pesar de su formación ideológica y «méritos» prácticos en la sociedad donde se han desenvuelto, «la mona aunque se vista de seda… mona se queda».
La cultura de la imbecilidad alcanza grados supremos de esplendor cuando los gobernantes justifican su ineptitud mediante la invocación de los peores ejemplos del mundo. La cultura de la imbecilidad suele predominar en los actos ejecutados por los funcionarios de Gobierno, de manera específica, cuando las decisiones que ejecutan lesionan los procesos positivos que han dejado sus antecesores de otros partidos políticos.
En el plano político de Guatemala, la imbecilidad se manifiesta en el tono intelectualoide de quienes piensan que sólo en su provincia mental habita la verdad verdadera al haber descubierto el agua azucarada. Estos especímenes, que por vez primera tienen acceso a esferas de poder, y por lo tanto creen haber dado el salto cualitativo de ingreso a los estratos de poder económico privilegiado; esperan en el fondo de su alma el «reconocimiento social» para considerarse ellos mismos miembros de la oligarquía, cuando de manera simple no pasarán de ser, actuales «mandaderos» de la burguesía.
Para los efectos correspondientes o sea la interpretación justa y correcta de lo que escribo, transcribo del DRAE lo siguiente: IDIOTA: Palabra originada del idioma latín, y este del griego €dií«thj, adjetivo calificativo «Que padece de idiocia. Que carece de toda instrucción». Adjetivo figurativo «Persona engreída sin fundamento para ello». Adjetivo familiar: «Tonto, corto de entendimiento».
Los últimos acontecimientos suscitados en el Congreso de la República, en el Tribunal Supremo Electoral, en el Consejo Nacional de Adopciones, en la Corte Suprema de Justicia, en el IGSS, ministerio de Agricultura, ¿qué le hacen pensar aparte de que sean LADRONES? De forma natural toda regla tiene su excepción; pero? vea usted a los representantes de la gobernabilidad en Guatemala e intente convencerse de que todo va por buen camino. ¿Lo logrará?