Entre bolsa de valores, diputados y monos


Para mí­ casi es un misterio el funcionamiento de la bolsa de valores, que se puso en boga con la dudosa inversión de Q82.8 millones del Congreso en la empresa Mercado de Futuros, sin haber capturado a los responsables, aunque están pendientes de antejuicio dos diputados, ex presidentes de ese Organismo, para deducirles responsabilidades.

Eduardo Villatoro
eduardo@villatoro.com

El caso es que mi amiga Mayra me hizo la campaña de enviarme un mensaje aleccionador, contándome que en cierta ocasión llegó a una ignorada población, posiblemente de ífrica o de un paí­s tropical de América Latina, un individuo bien trajeado que se instaló en la única y modesta pensión de la comunidad, con aires de hotelucho.

Luego, por medio de su ayudante repartió volantes entre los vecinos del poblado anunciando que estaba dispuesto a comprar monos. Pagaba lo equivalente a US $10 por ejemplar. Los campesinos, enterados de la noticia y a sabiendas de que en las montañas aledañas abundaban los micos, salieron presurosos a cazarlos. Tal como lo prometió, Mr. Rahul Monkey Hirón (tal su nombre) compró cientos de simios, que los ubicó en jaulas y galeras que habí­a mandado construir.

Como fueron escaseando los primates, se fue poniendo difí­cil su captura, de suerte que los campesinos perdieron interés, ante lo cual el sujeto ofreció US $20 por ejemplar. Nuevamente los interesados se dedicaron a cazar micos. Cuando fue mermando la caza, Mr. Monkey elevó la oferta a US $25, y los campesinos volvieron a las montañas, para cazar los pocos monos que quedaban, hasta que prácticamente era imposible encontrar un ejemplar.

Llegado ese momento, el extranjero ofreció US $50 por cada simio; pero, aduciendo que debí­a atender negocios en la ciudad más cercana, anunció que su ayudante se quedarí­a a cargo del negocio.

Una vez que Mr. Monkey salió del pueblo, su asistente reunió a los campesinos para indicarles: -Observen estas jaulas y galeras llenas de miles de monos que mi jefe les compró. Yo les ofrezco venderles a ustedes los micos por US $35 cada uno, y cuando mi patrón regrese de la ciudad, ustedes se los vuelven a vender, pero a 50 dólares por ejemplar.

Los campesinos reunieron todos sus ahorros y compraron miles de simios que estaban en jaulas y galeras, en espera del retorno de Mr. Monkey. Pero de repente ya no volvieron a ver al ayudante del comprador de micos; menos a éste. Lo único que vieron fue la jaula llena de monos que habí­an adquirido con sus ahorros de toda la vida, viéndose obligados, inicialmente, a alimentarlos por su cuenta, hasta que desistieron de su empeño.

Ahora tengo una noción de cómo funciona el mercado y la bolsa de valores. Lástima que Mr. Edward Meyer y monsieur Rubén Darí­o Morales no supieron antes la historia del especulador de monos. ¿O estaban enterados? ¡Quién sabe!