Intervenir el deporte


Cuando alguien habla de la necesidad de ponerle coto al derroche de dinero del Estado en el deporte nacional mediante una sana intervención, los dirigentes pegan el grito en el cielo y advierten que nuestro paí­s serí­a inmediatamente desconocido en las federaciones internacionales. Lo que no dicen es que le harí­an un enorme favor a Guatemala si nos dejaran fuera de las competencias a las que asistimos, puesto que no sólo nos privarí­an del bochorno al que someten a nuestros mal preparados deportistas, sino que se ahorrarí­a un dineral que se gastan esos mismos dirigentes en pasear por todo el mundo.


Guatemala es uno de los paí­ses que más apoya económicamente al deporte, tanto así­ que hay un aporte anual establecido en la Constitución. No menos del 3 por ciento del Presupuesto General de Ingresos Ordinarios del Estado van a una cuenta privativa que se asigna al deporte federado, al deporte escolar, educación fí­sica y recreación de los alumnos, y al deporte no federado, pero los resultados de esa millonaria inversión los podemos medir en ocasiones especiales como ahora que nuestros pobres atletas no llegan siquiera al decoroso papel de relleno en los juegos olí­mpicos.

Seguir metiendo dinero al deporte con la actual dirigencia que se ha aprovechado de la autonomí­a únicamente para adueñarse de los puestos y garantizarse la más absoluta libertad para manejar los fondos es tirarlo a la basura y, peor que eso, seguir fomentando la corrupción. Porque no cabe la menor duda de que algo tiene que estar muy podrido en la dirigencia deportiva nacional que, siendo por naturaleza desempeñada en forma ad honórem, termina siendo tan apetecida que hasta hemos visto las profundas peleas que genera el quererse apoderar de las federaciones, no digamos de la confederación o del comité olí­mpico donde los dirigentes se eternizan en los cargos.

Sin el menor asomo de vergí¼enza o decoro, los dirigentes deportivos nacionales justifican los fracasos de los atletas en todas las justas en forma que resulta cí­nica porque nunca hacen referencia a lo que se ha invertido en dinero. Nunca mencionan lo que anualmente ha pasado por sus manos, seguramente con aquella mentalidad descrita por un funcionario internacional en el sentido de que en Guatemala no hay obra sin sobra.

El uso del dinero público tiene que fiscalizarse adecuadamente pero también tiene que medirse en función de resultados porque no puede ser que se gasten millones y que al final de cuentas lo que se cosecha son posiciones de vergí¼enza para el atleta mientras los dirigentes pasean literalmente hasta por la China. Por ello creemos que es urgente debatir la necesidad de intervenir el deporte nacional para frenar el despilfarro.