El dilema de albergar hidroeléctricas


La rica Patagonia chilena enfrenta un difí­cil dilema: mantenerse como una reserva natural prí­stina que atrae a miles de turistas cada año o aportar con las aguas de dos de sus rí­os al aumente de la capacidad energética de Chile, crucial para sostener el crecimiento económico del paí­s.


En la región de Aysén, en la Patagonia chilena, se proyecta la construcción de un megaproyecto hidroeléctrico, que incluye la instalación de cinco represas sobre los rí­os Pascua y Baker, con una producción media anual de 18.430 gigavatios/hora (GWH) y una potencia instalada de 2.750 megavatios (MW).

El proyecto, de las chilenas Endesa -filial de Endesa España- y Colbún, está a punto de ingresar a su evaluación ambiental y legal, un trámite que se extenderí­a durante 14 meses. De aprobarse, la primera central operarí­a en 2017.

El proyecto Hidroaysén establece la instalación de dos centrales en el rí­o Baker y tres en el Pascua, dos caudalosos rí­os de aguas cristalinas, rodeados de vegetación prácticamente inexplorada. Ambos se alimentan de glaciares milenarios.

La superficie total inundada por los embalses alcanzarí­a las 5.900 hectáreas y se proyecta la instalación de una gigantesca lí­nea de transmisión de 2 mil km que traerá la electricidad hasta Santiago.

El proyecto es resistido por grupos ambientalistas, aunque desde el gobierno de la presidenta Michelle Bachelet se han emitido varias opiniones en su favor, considerando la crí­tica situación energética de Chile, un importador neto de energí­a.

Desde 2004, Chile comenzó a ver reducidas sus importaciones de gas natural desde Argentina -su único proveedor-, con la que generaba casi la mitad de su electricidad. Los enví­os hoy son mí­nimos y cientos de industrias y generadoras debieron cambiar sus operaciones a diésel o carbón, encareciendo los costos.

En paralelo, la demanda energética crece a un ritmo de un 7% anual.

Frente a este escenario se ha fomentado la diversificación de la matriz energética, a través del uso de energí­as renovables, como la eólica y la solar.

En 2009, comenzará a operar una planta de Gas Natural Licuado (GNL), que permitirá su adquisición desde cualquier punto del planeta.

Los ecologistas no ven por esto razones para la construcción de las centrales. Especial preocupación genera la extensa lí­nea de transmisión que se requerirá. De hecho, la imagen de frondosos bosques y cerros tupidos cruzados por cables del tendido eléctrico es la base de una campaña internacional en contra de su construcción.

Hidroaysén argumenta que el proyecto procura la menor intervención ambiental posible y es necesario para asegurar el abastecimiento energético del paí­s.

«El proyecto será implementado y operado de manera ambiental y socialmente responsable», dijo el gerente de Hidroaysén, Hernán Salazar, en un reciente encuentro con medios extranjeros.

«Hidroaysén es compatible con otras actividades económicas, como el turismo y la ganaderí­a», agregó.

Pero un estudio del consultor internacional Fernando Salamanca reveló pérdidas para la región de entre 22 y 54 millones de dólares, debido a una menor llegada de turistas. En 2007, esta actividad generó ganancias por 72 millones de dólares, con la visita de unos 140 mil turistas.

«En un sentido estrictamente de rentabilidad económica no tienen sentido aprobar este proyecto, porque genera una pérdida de atractivo de la región», explicó Salamanca.

«Aysén es una región de una naturaleza virgen. Eso es un valor; no un capricho ecologista y eso se paga muy bien», agregó.

Otro estudio de la Universidad de Chile concluyó que un 40% de los visitantes no volverá a la zona si se hacen las represas.

«La pregunta que hay que hacerse es qué es más ventajoso para el paí­s; desarrollar esa región con el turismo o sacrificar su belleza para construir centrales hidroeléctricas», señaló el autor del informe, Rodolfo Sapiaí­ns.