«La adversidad me hace grande»


Al igual que cualquier otro altleta, Raúl se esfuerza por pasar cada prueba del entrenamiento del atletismo.

La mala fortuna que le tocó vivir hace cinco años atrás, no han sido objeto de impedimento para que Raúl Antonio Pérez cumpla con sus aspiraciones y sueños deportivos, que le han dejado la dicha de poseer tres medallas de oro, 3 de plata en los Juegos Nacionales para discapacitados. Además, este mismo año, dos más de oro en los 100 y 200 metros en el Campeonato Nacional para personas discapacitadas en Santiago de Cuba.


Todas las mañanas en el estadio Mateo Flores Raúl se entrena con el grupo de atletismo de Sideporte comandado por la cubana Olga Lidia Colón.

A pesar de haber perdido ambos brazos en un accidente con electricidad y no poder asistir a los Juegos Paralí­mpicos de Pekí­n 2008, no hay nada que pueda detener a este joven guatemalteco de 34 años, que no descansará hasta verse en los próximos Juegos Olí­mpicos de Londres 2012.

Pregunta: Raúl, ¿qué pasó hace cinco años?

Respuesta: Tuve un accidente, una descarga eléctrica cuando trabajaba para la Empresa Eléctrica. Llevaba más o menos de 12 a 13 años cuando por una falla, por mal procedimiento de trabajo, sufrí­ una descarga de 13,500 voltios, que entró por mi mano izquierda, atravesó todo mi cuerpo y salió por la mano derecha, por lo que mis manos y brazos sufrieron quemaduras del más alto nivel que pueda existir. Lo que hace la quemadura eléctrica, a diferencia de una con llama, es que quema de adentro hacia fuera. Al principio del accidente, en apariencia todo parecí­a no tan grave, pero todo lo de adentro de mis manos y parte de mis brazos estaba calcinado, los nervios, tejidos, venas, arterias, lo que produjo una gangrena muy severa que corrió de las manos hacia los brazos y hubo necesidad de amputarlos.

P.: ¿A partir de entonces cómo ha sido tu vida?

R.: Bueno, vení­an muchas incógnitas, con sentimientos de frustración, con preguntas como, qué voy a hacer ahora, ¿será que podré seguir trabajando? ¿Qué va a pasar conmigo? Mucha gente no con la intención de hacerme sentir mal, sino tratando de meterme a la realidad me decí­an que mi vida habí­a llegado a un tope y que a partir de ese momento tendrí­a que sobrevivir ya que habí­a quedado vivo, pero sin tener expectativas en el futuro. Realmente yo no creí­ que así­ fuera, aunque no fue fácil aceptar que a Raúl se le habí­an amputado los brazos.

Antes del percance, yo era una persona muy independiente, crecí­ en un hogar sostenido solo por mi mamá. Desde muy pequeño aprendí­ lo que es el trabajo. Entonces, el hecho de haber perdido mis brazos no sólo implicaba el aspecto fí­sico en la apariencia, son lo que conlleva la adaptación a la dependencia, porque en adelante he dependido de muchas personas, concluyendo a mi esposa, familia, amigos de entrenamiento y de trabajo y más personas.

Mi confianza ha estado puesta siempre en Dios y estoy conociendo que él es el que me ha dado la luz y la sabidurí­a para seguir adelante.

En ese mismo año del accidente, en el 2003, por medio de IGSS me dijeron que si querí­a participar en los Juegos Nacionales para personas en sillas de ruedas, donde se incluirí­an todo tipo de discapacidades, auditivas, visuales, fí­sico-motoras , como la mí­a y los de sillas de ruedas, por supuesto. Me llamó la atención y empecé a participar en el equipo del IGSS debido a que aún estaba siendo atendido por la unidad de rehabilitación. Comencé a competir con ellos en natación hasta el 2004, cuando comencé a practicar el atletismo. Gracias a Dios me fue bien en ambos años, donde tanto en natación y atletismo los resultados fueron muy alentadores, pues obtuve 6 medallas, 3 de plata y 3 de oro en los Juegos Nacionales de discapacitados. De repente, alguien en el 2004 me implantó la idea de la existencia de los Juegos Paralí­mpicos, que son olimpiadas de alto nivel pero para personas discapacitadas. A partir de entonces me propuse la meta de competir en los siguientes cuatro años del ciclo olí­mpico que concluyeron precisamente en los Juegos de Pekí­n.

Me he dedicado más al atletismo que a la natación a pesar de que muchos me dicen que es más impresionante verme nadar sin brazos que verme correr. Pero según la gente basta con tener las piernas para correr. Todo aquel que conoce bien la estructura de la carrera sabe bien que los brazos son fundamentales para guardar el equilibrio y alcanzar la velocidad y para otras cosas.

Además, siempre he pensado que el atletismo es el único espacio donde no dependo de nadie, porque es en la pista, sin nadie, que me las tengo que arreglar sólo. Si gano, pierdo, me caigo y levanto, todo depende única y exclusivamente de mí­. Eso fue lo que atrajo del atletismo, porque es allí­ donde me quiero sentir yo mismo.

Gracias a Dios he tenido buenos resultados en atletismo, en marzo de este año, ya entrenando con la profesora cubana Olga Lidia Colon, estuve en el campeonato nacional para personas discapacitadas en Santiago de Cuba y conseguí­ dos medallas de oro, en 100 y 200 metros y el año pasado tuve la oportunidad de estar en los Parapanamericanos de Rí­o de Janeiro, Brasil, sacando mi clasificación para Pekí­n, pero lamentablemente no se logró obtener.

Así­ ha sido mi recorrido en estos cuatro años bien complicados. El mismo año del accidente, cuando seguí­a el proceso de aceptar mi nueva vida como discapacitado, me resultó un cáncer testicular, por lo que hubo necesidad de amputar un testí­culo, y luego mucha quimioterapia por tres ciclos de ocho o nueve horas diarias. Pero estando en el proceso de quimioterapia competí­ en los Juegos del 2003.

Cada dí­a de mi vida encuentro nuevas motivaciones para continuar en lo que me propongo, porque si fuera por el apoyo que se recibe de instituciones o del mismo Gobierno para personas discapacitadas que practican el deporte, ya no estarí­a en el atletismo, porque entreno por mi propia cuenta y no tengo el apoyo de nadie en lo económico porque tengo una familia que sostener, pero me las voy ingeniando para sobrevivir.

P.: ¿En tus metas deportivas, qué sigue?

R.: Esa pregunta me la hizo no hace mucho otra persona que me dijo, si ya no se dio China, entonces, ¿se acabó todo? Para nada, Pekí­n era nada más una meta en el camino, no se logró dar pero sigo adelante. Tengo la mirada puesta en los Panamericanos de Guadalajara 2010, donde estoy seguro obtendré mi pase a las Olí­mpiadas de Londres 2012. Pero a corto plazo, el mes entrante, del 24 al 27 de septiembre, se darán los Juegos de personas con discapacidad donde espero batir mi propio récord y demostrar que tengo capacidad de representar a Guatemala en cualquier competencia internacional.