Para coleccionar las medallas de oro en los Juegos de Pekín, los atletas chinos tienen un arma secreta: invitan a su glorioso pasado a las instalaciones olímpicas.
Las competiciones en los estadios ultramodernos rebosan paradójicamente de referencias más o menos visibles a las dinastías imperiales, de los Shang a los Qing, pasando por los Song o los Ming.
Empezando por las medallas que, aunque en su anverso llevan a la diosa alada de la victoria Nikí¨, como impone el Comité Olímpico Internacional (COI) en el reverso son de jade, piedra símbolo del poder del emperador.
La cinta del trofeo está inspirada en la efigie del dragón en las antiguas monedas chinas, un animal mítico que también simboliza al emperador.
«El orgullo de China de organizar unos Juegos Olímpicos incluye también el orgullo de China sobre los hechos más importantes de su historia», subraya John Wills, especialista en la historia del país.
Los dos colores que más lucen los chinos en la competición -los que vestía el abanderado Yao Ming en la ceremonia inaugural- son el rojo y el amarillo.
El rojo evoca al Partido Comunista Chino, pero oficialmente se trata del «rojo laca» que decoraba los muebles imperiales.
En cuanto al amarillo, es el tono «teja barnizada» que recubre los tejados de la Ciudad Prohibida, el Palacio Imperial de los Ming (1368-1644) y de los Qing (1644-1911).
Incluso el famoso Estadio Nacional, antes de ser apodado «El Nido», está inspirado, según el Museo Olímpico de Lausana (Suiza), en «el barniz agrietado de un jarrón de la dinastía Song (960-1279)» y el «enrejado de madera de una ventana Ming».
En cuanto a la piscina (el «Cubo de Agua»), hace referencia a la casa tradicional china (siheyuan), de forma cuadrangular.
Lionel Jensen, experto sinólogo de la Universidad de Notre Dame (Estados Unidos), señala «una presencia evidente de temas tradicionales en la fantasmagoría comercial de la XXIX Olimpiada».
«La orientación ideológica nacionalista va acompañada para el Partido de una transformación selectiva del pasado en bienes de consumo», explica.
El experto destaca «un deseo de los arquitectos y diseñadores (de los Juegos) de inventar un vínculo común entre lo posmoderno y premoderno, para crear un lenguaje visual híbrido para el siglo XXI».
Un ejemplo de ello son las mascotas: las flores de loto que enmarcan la cara de Jingjing, el panda, recuerdan a propósito las pinturas en porcelana de la dinastía Song.
En cuanto al logo rojo «Pekín danzante», mezcla la tradición del sello chino y el arte de la caligrafía, dos disciplinas que florecieron durante el Imperio.
La ceremonia de apertura de los Juegos insistió en la historia ilustre de China, que inventó el papel, la pólvora, la imprenta de tipos móviles o la brújula.
El Imperio también está físicamente presente en algunas pruebas, como la de fondo en carretera, que pasó a los pies de la majestuosa Gran Muralla, o el maratón, que atravesará la Ciudad Prohibida.
Otro motivo cultural capital es el de la «nube de buen augurio» que figura en muchas cerámicas de la época Ming, pero también en los edificios antiguos, las esculturas, los ustensilios e incluso los muebles imperiales.
Este motivo, en forma de espiral, está por todas partes en los Juegos de Pekín: en fondo de decorado de los podios, en las camisetas de los deportistas y de las presentadoras de la televisión estatal CCTV, así como en la antorcha y el pebetero olímpicos.