Nepal, que acaba de poner fin a largos siglos de monarquía, debate quién ocupará la función del depuesto rey Gyuanendra en las importantes celebraciones hinduistas del país.
«No podemos acabar con estas tradiciones sólo porque no hay rey», dijo Chunda Bajracharya, un profesor de estudios culturales en la Universidad Tribhuvan de Katmandú.
«El hecho que Nepal sea ahora una república no es una excusa para abandonar tradiciones centenarias», añadió.
Casi todos los aspectos de la vida en Nepal tienen su propia fiesta, desde las celebraciones que marcan los primeros pasos de los niños para leer y escribir, a finales de enero, hasta la festividad que protege a las mujeres de convertirse en viudas.
Pero son especialmente aquellas fiestas donde se rinde homenaje al poder, presididas antes por el monarca, las que dividen la opinión de los nepaleses.
El impopular rey Gyanendra fue oficialmente depuesto el pasado 28 de mayo, poniendo fin a una monarquía hinduista que llevaba 240 años en el poder. Pero el papel del «dios-rey» se había ido degradando durante la última década.
En el Indra Jatra del año pasado, una de las fiestas más importantes del calendario nepalés, celebrada desde 1768, el primer ministro interino, Girija Prasad Koirala, ocupó el puesto reservado hasta entonces al soberano.
Durante esta celebración, el soberano recibe la bendición de la realeza Kumari, una joven adorada como una diosa.
Según el profesor Bajracharya, en el nuevo régimen político sería extraño dejar que el rey continuara en este tipo de rituales, porque ya no tiene ningún poder. En la de Kumari y en otra fiestas, el rey representa «la persona que tiene el poder para proteger a la nación».
Para Satya Mohan Joshi, un autor que escribe sobre la cultura nepalesa, es evidente que el nuevo líder del país asuma las funciones del monarca.»Es lógico que estas ceremonias religiosas sean llevadas a cabo por el presidente o el primer ministro», declaró.
«La hegemonía cultural ha pasado del rey al pueblo», concluyó.
Con los maoístas que obtuvieron la mayoría parlamentaria en las pasadas elecciones del 10 de abril, reacios a formar un nuevo gobierno, el nuevo líder del Nepal puede ser que sea alguien procedente del ala rebelde izquierdista, ateo, que no quiera asumir ese papel en las festividades.
El sacerdote real Madhab Bhattarai, ahora sin trabajo, dijo que el final de la participación real en las fiestas es triste porque es una forma de unir el país.
«Durante siglos, Nepal mantuvo una armonía social, pese a ser un país multiétnico, multilingí¼e y multirreligioso», advirtió Bhattarai. «Era el rey el punto central de unidad».
Para el religioso, poner a un líder electo en esa función no es lo mismo. «El gobierno está destruyendo nuestra cultura y tradición». «Celebrar estas fiestas sin el rey les saca todo el sentido», se lamentó.