Rapiña en acción


Tocante a la rapiña puede afirmarse que es un mal antiguo como la maña de pedir fiado, con el agravante que sigue tan campante en los actuales momentos. La diferencia consiste en los procedimientos puestos en práctica y sobre todo, la cuantí­a de los mismos actos ilí­citos, entre el ayer y el presente escandaloso.

Juan de Dios Rojas
jddrojas@yahoo.com

Un simple vistazo a la cadena de sucesos cotidianos basta para referirnos con estupor cómo se degradan las personas. Pesa en el ánimo enterarnos de la degradación alarmante operada en el elemento humano, circunstancia conflictiva y merecedora de honda preocupación. Es triste y penosa dicha posición negativa en extremo.

Ante el siniestro panorama prevaleciente en nuestro paí­s, la cosa está que arde. Muestra un rostro sombrí­o, plagado de hechos con el membrete de bombas estalladas; nada escapa por lo visto a la rapiña, sea en el sector privado y público, conforme datos vertidos dí­a a dí­a en los medios de comunicación social.

Resulta vergonzante constatar la implicación de que es objeto por seguidores adelantados y refinados en términos negativos. De verdad da en qué pensar semejante accionar del hombre contra el hombre. No cabe duda que pese al desarrollo material de los pueblos, subyacen puntos oscuros en su personalidad complicada.

Las argucias puestas al desnudo, estilo peliculesco, causan un sinfí­n de reacciones y estupor simultáneo por tanta degradación humana. Es la falta de principios morales el estí­mulo inductor de gente ambiciosa de hacer fortuna a costa directa de bienes ajenos, lo que constituye su meta insólita, empero evidente a más y mejor.

Impactante resulta a todas luces enterarnos de las triquiñuelas llevadas a cabo mediante auxilio innegable de la tecnologí­a moderna que hacen gala. Ingeniosos y adelantados para apoderarse de sumas enormes de las planillas inscritas en las nóminas respectivas. Deseable fueran así­ al servicio de la colectividad en buen sentido.

Rapiña de alto grado hubo de cometerse en perjuicio de los cuentahabientes de los bancos del Café y de Comercio en dí­as pasados, cuyas cicatrices siguen intactas. Tampoco las autoridades competentes o no, lo impidieron y evitaron a tiempo, dejando a los estafados numerosos en las cuatro esquinas, a la espera de una debida solución.

Pase lo que pase la rapiña sigue en marcha. El blanco directo de sus fechorí­as afecta hoy en dí­a a los afiliados al Programa de IVS del IGSS. Si hubo celeridad para descubrir esta obra de rufianes empedernidos, corresponde a la mayor brevedad, mejor dicho en el término de la distancia, no forme parte de la impunidad.

Necesario y urgente viene a ser no interrumpir el proceso hasta llevar con sus huesos a la cárcel a los pillos, infiltrados en diversas dependencias de la administración pública. Quienes aprovechan cualquier coyuntura en su propio beneficio. Aunque al final de cuentas vemos que tales sujetos con dinero logran irse del paí­s, sin cortapisas.

Escándalos se tornan, comidilla aquí­ y allá en la opinión pública, sin embargo, la eterna amnesia pronto borra del mapa las cosas y casos. Lista interminable de acciones de rapiña descarada han sucedido en varios ministerios del Ejecutivo. Y la interrogante obligada salta, como impulsada por resortes invisibles, dando a conocer que no pasa nada.

De esa cuenta ello atiza los ánimos un rato, no así­ hasta el final de un proceso, cuando tras largo tiempo el asunto pierde interés. Resta añadir algo indiscutible, acumulado en el desván del olvido, consistente en puntualizar lo indefendible: cómo no vamos estar en la calle de la amargura.