Durante muchos años se dijo que el deporte guatemalteco no prosperaba por falta de apoyo y de recursos para la preparación de los atletas. Desde 1985 la Constitución de la República destinó cantidades sin precedentes al deporte tanto federado como escolar, y según la teoría de los dirigentes que propusieron ese traslado de millonarios fondos, se estaba iniciando una nueva era que tendría que generar atletas de alto rendimiento mediante la contratación de entrenadores, mejoras a las instalaciones y apoyo a los deportistas para su preparación.
Más de dos décadas después estamos en otros Juegos Olímpicos en los que se evidencia cómo se ha usado el dinero del deporte. Nuestros pobres atletas siguen siendo tan mediocres como cuando no había dinero, pero las delegaciones de dirigentes e invitados especiales son cada vez más nutridas. En otras palabras, es evidente que el dinero del deporte no ha servido para producir ni un atleta de alto rendimiento, pero sí ha servido para que los dirigentes deportivos se traten a cuerpo de rey.
No es culpa de nuestros atletas su mediocridad que no es sólo física sino mental. Una nadadora declara orgullosa que «cumplió» tras haber quedado a enorme distancia de los verdaderos competidores y en todas las disciplinas entramos ya comentando que «nos tocó mala suerte porque vamos contra los mejores». Y qué diablos esperaban nuestros deportistas y sus dirigentes, si las Olimpiadas son cabalmente para que se luzcan los mejores. Tal vez pretendan que se hagan juegos para los mediocres y que en ellos los nuestros por lo menos puedan ocupar la medianía de la tabla.
Repetimos que no vemos culpa de los atletas en esta renovación de la larga historia de fracasos, pero sí de los dirigentes que son una vergí¼enza y que tras los resultados y con el saldo positivo en la chequera gracias al aporte constitucional, tendrían que renunciar de manera inmediata e irrevocable. Porque debiera darles vergí¼enza a quienes han tenido décadas no sólo de continuidad sino de abundancia de dinero, producir tan pobres resultados. Pero ya sabemos que la desvergí¼enza es propia de quienes se acostumbran a vivir de la teta del Estado.
No puede verse honorabilidad en tanto empeño por aferrarse a cargos en los que evidentemente no han cumplido porque si alguna estructura deportiva del continente tiene un sólido y sostenido aporte en dinero para la formación de los atletas es la de Guatemala y a pesar de eso estamos en una condición tan crítica que ni siquiera se producen esos milagros producto de esfuerzos personales. Aquí nadie pasa de zope a gavilán en el deporte y la conclusión que debemos extraer es que el dinero no sirve para ayudar a los deportistas sino para que se harten los dirigentes. Exigirles a todos la renuncia es un deber ineludible para terminar con el derroche.