Hace varios milenios surgió una forma de gobierno en la antigua Grecia. El pueblo, en el concepto de entonces, se reunía en grandes asambleas para decidir los asuntos de Estado. A esta modalidad se le denominó Democracia, que etimológicamente significa gobierno del pueblo (Demos = pueblo, Kratos = gobierno). Sin embargo, era una democracia que podíamos llamar relativa e incompleta, ya que eran excluidas buena cantidad de personas, pues en el concepto de los atenienses democracia significaba un conjunto de ciudadanos de Atenas, con atribuciones y capacidad de las que carecían considerable número de habitantes, como las de gobernar a la sociedad en que vivían. Los esclavos, las mujeres, los extranjeros y los discapacitados físicamente, quedaban excluidos, por no ser considerados ciudadanos.
Después de un largo período de ausencia en la historia, la democracia resurgió en el Siglo XVIII, con la inspiración de ilustres pensadores, como Juan Locke, el Barón de Montesquieu, Juan Jacobo Rousseau y otros más, en el Viejo Continente, y Tomás Jefferson, Benjamín Franklin, James Madison y otros destacados estadistas, en la Unión Americana. Inspiración que se concretó a raíz de los movimientos de independencia (Revolución Americana) en lo que después fue los Estados Unidos y la Francesa en 1789.
A esta nueva democracia se le dio el calificativo de representativa, pues ante la imposibilidad de celebrar grandes asambleas como en Atenas, el pueblo en uso de su soberanía delegó en un grupo la potestad de gobernar. Esta delegación se hace realidad mediante las elecciones, o sea el acto por el cual los ciudadanos, hombres y mujeres calificados como tales y aun los extranjeros nacionalizados, sin más limitaciones que las impuestas por el orden legal, escogen a quienes deben gobernarlos.
Teóricamente este sistema democrático es el sistema en el que las decisiones que tomen los gobiernos deben reflejar la voluntad de la población, la que como una comunidad de hombres libres, tiene sus propios derechos derivados, no del Estado, sino de la naturaleza del ser humano. De lo anterior extraemos que la democracia es un sistema de gobierno de seres humanos que son dignos e iguales en sus necesidades y pretensiones. En la práctica y en países como el nuestro, la democracia no se realiza totalmente, ya que este sistema se agota con la realización de elecciones libres y la libre expresión del pensamiento. En un pueblo que tiene múltiples necesidades y carencia de satisfactores, no podemos hablar de democracia, vocablo profusamente usado por los políticos en sus promesas de campaña y pregonado por gobiernos que solamente representan y protegen a una minoría económicamente poderosa, por lo que vienen a ser gobiernos oligárquicos, que aunque pretenden identificarse con las clases populares, no se les puede calificar de «Gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo», pues éste está totalmente abandonado y marginado, en medio de la mayor pobreza, ignorancia y enfermedades, sin tierra propia que cultivar y carente de habitación decorosa y propia en que morar. Esta penosa situación nos lleva a cuestionar seriamente a la denominada democracia neoliberal.