El ambiente está tenso. No es para menos, tras un escándalo, otro. En cadena suceden sin el menor recato en las altas esferas. Tanto en la administración pública como en el gobierno municipal capitalino. Con características similares retratan de cuerpo entero los ilícitos que son cometidos a lo grande, es decir millonarios.
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Es el claro reflejo de la pérdida lamentable de valores humanos, posesionada de la sociedad y del entorno en que vivimos. Demostración palpable que existe tendencia clara de llevar a cabo acciones vituperables y representantes de la huída definitiva de los paradigmas de otros tiempos ya lejanos y a punto de olvidarse.
De verdad no dan pausa tales maniobras indecentes en manos de gente carente en su fuero interno de la honestidad. Recién hizo alboroto el desvío de 82 millones de quetzales que de los fondos del Congreso fueron desviados a una oficina de valores. Al juez pesquisidor y las expectativas gigantescas corren y corren por si al fin sientan precedente.
Por primera providencia el presidente del Parlamento, doctor Meyer, hubo de ausentarse con licencia respectiva, mientras pasa el torrente de cosas oscuras. Inclusive el escándalo en referencia, según versiones acerca del asunto, salpica a otros personajes del mundo político, inmersos en este mismo escándalo, olla de grillos.
Sale a colación el aspecto negativo existente en el género humano, consistente en no ocultar la desmedida ambición apoderada de las personas en el poder. No les tiembla la mano ni sienten la menor vergí¼enza de incurrir más antes que después en escándalos de esa índole cimarrona, por lo visto con imitadores a lo grande.
A sabiendas por supuesto y sin importarles nada absolutamente poner en entredicho su nombre, por cuanto en poco tiempo la amnesia colectiva influye para que sean olvidados tales escándalos. Sin ningún recato están dispuestos de inmediato a caer en el corre y va de nuevo cuando se presente la ocasión propicia.
Pese a que en nuestro patio por razones políticas, su influencia y los famosos poderes fácticos entorpecen las investigaciones, se han podido descubrir los trinquetes de marras. De consiguiente, al salir a luz, en medio de una tórrida situación, empieza el jaleo, empero al final de las andadas todo queda impune.
Durante décadas otro asunto de naturaleza escandalosa por sus repercusiones consiguientes permaneció bajo siete llaves. Pero congruente a que del cielo a la tierra nada queda oculto, ha sido del conocimiento que la municipalidad presidida por Fritz García-Gallont hizo un negocio chueco.
Que es poco decir, porque el ex alcalde en mención vendió toda la información sobre los nacidos en el Municipio, asimismo sus cambios de estado civil; y de ajuste, restantes intimidades, merecedoras de respeto absoluto, entre ellas el desenlace final de las propias personas allí inscritas por mandato de ley.
Habrase visto tan sucio negocio de enormes y costosas consecuencias, por cuanto la digitalización ahora pertenece a una empresa privada. Ello trascendió a tiempo de ser trasladados los datos pertinentes al Registro Nacional de Pobladores (Renap), la institución específica de nuevo cuño en la actualidad encargada de la función.
Aquí en Guatemala, repito algo que sale de la boca de los abuelos con gran sapiencia, que el que no laza, ataja. Como quiera que sea, el demonio de la ambición es causante de estos escándalos financieros que repercuten más hoy en día. Conclusión, según mis entendederas, cómo no vamos a estar como estamos de bien reventados.