El atentado del 20 de Julio


El Domingo 20 de Julio la Bendlerstrasse en Berlí­n estuvo de aniversario en un dí­a de duelo, a su ingreso el busto de Klaus von Staufenberg recordaba su muerte en 1944 a manos de los verdugos de Hitler, en muchas formas su muerte habí­a significado un hasta aquí­ y su sacrificio no fue en vano.

Doctor Mario Castejón

Para el pueblo alemán las atrocidades cometidas por Adolf Hitler han sido una vergí¼enza difí­cil de conciliar. Era inconcebible que una raza que dio genios a la música, a la literatura, al arte y a las ciencias, además de filósofos pensadores y guerreros magnánimos hubiese consentido los crí­menes del III Reich. La persecución de los judí­os y su exterminio, la experimentación con seres humanos, el trabajo esclavo y otros ejemplos de infamia dejaron atónita a la humanidad, la pregunta surgí­a a cada momento, cómo es posible que un pueblo con esa grandeza de espí­ritu permitiera que sucediera lo que sucedió. ¿No hubo denuncia y rebelión contra un Hitler enloquecido y sus incondicionales? La respuesta es hoy categórica, si la hubo, hombres de espí­ritu , intelecto y valor se opusieron a lo largo de los años y entregaron su vida para terminar con aquella locura colectiva y uno de los más significados que quiso haber cambiado la historia de parte del siglo XX fue el Coronel Klaus von Staufenberg fusilado el 20 de julio de 1944.

Klaus Phillipp Maria Schenk Graaf von Staufenberg era un hombre de suaves modales y encanto extraordinario, poseedor de una mente clara y un valor que rayaba en la temeridad, habí­a nacido en el Castillo de Jetingen el 11 de Noviembre de 1907. De hermosas facciones y porte gallardo sus últimos años resaltaba su atractivo el parche que le cubrí­a la ausencia del ojo izquierdo y la soltura y elegancia con la que se moví­a. A pesar de haber perdido el brazo derecho y los tres dedos de la otra mano no permití­a que nadie hiciera las cosas por él.

La mañana del 20 de julio de 1944 von Staufenberg voló tres horas en un Heinkel HE 111 desde Berlí­n a Rastemburg en la Prusia oriental. Le acompañaba su ayudante el teniente Werner Von Haeften, ambos tení­an una misión que cumplir en el Cuartel General de Hitler la llamada Cueva del Lobo, «Wolfsschanze, » en un lugar vecino a Polonia. En su maleta de cuero Staufenberg llevaba dos bombas de relojerí­a que al activarlas estallarí­an durante la reunión que sostendrí­a ese dí­a el alto mando alemán con Adolf Hitler, el Fuehrer debí­a morir.

Desde 1938 cuando Hitler amenazó con desencadenar la guerra invadiendo Checoslovaquia, Staufenberg estuvo dispuesto a actuar junto al general Ludwig Beck para deponerlo o asesinarlo. Desde septiembre de 1943 Von Staufenberg se decidió a convencer a las figuras militares más prominentes dentro del Ejército Alemán para detener la guerra y negociar una paz honorable acabando Hitler, éste habí­a sobrepasado diferentes atentados, incluso el que se iba a realizar ese dí­a habí­a sido aplazado dos veces. Staufenberg habí­a ido convenciendo uno por uno a los hombres clave, no iba solamente a participar sino a realizar el mismo la acción, sabí­a que podrí­an salvarse millones de vidas asesinando a Hitler, la operación Valkiria estaba en marcha. Contaba con una posición privilegiada, ya que desde Junio de 1943 al ser nombrado jefe del Estado Mayor del General Friedrich Romm Jefe del Ejército del Interior desarrollaba un plan de acción para dar seguridad a Berlí­n lo que le permití­a no despertar sospechas y poder tener acceso a Hitler.

La historia militar de Von Staufenberg era impecable, su educación habí­a sido esmerada y aunque por mucho tiempo pensó en dedicarse a la música o a la arquitectura, al final optó por la carrera de las armas. Al inicio de la Guerra sirvió durante el ataque a Polonia y luego en la invasión a Francia con la VI División Panzer. Pidió ir al frente ruso durante la operación Barbarosa en 1941 y después al ífrica Korps de Rommel con la I División Panzer en donde fue herido de gravedad en abril de 1943 perdiendo el brazo derecho, un ojo y tres dedos de la mano izquierda cuando su vehí­culo entró en un campo minado.

Con las dos bombas de relojerí­a dentro de su maletí­n Staufenberg llegó a Rastenburg informándose que la reunión con Hitler de la 1 p.m habí­a sido adelantada para las 12:30 por la visita de Mussolini ese dí­a. Debido a la urgencia tuvo que activar en la antesala una de las bombas sirviéndose de una pinza usando la mano inhabilitada, la segunda bomba no alcanzó a activarla entrando rápidamente a la sala de sesiones y colocó el maletí­n a unos dos metros de Hitler, contaba con sólo diez minutos. Pasados cinco minutos salió de la cabaña excusándose y luego sobrevino la explosión, eran las 12:42 del mediodí­a (Continuará)