Brasil quiere incluir el etanol


Celso Amorim, canciller brasileño, es el principal negociador de ese paí­s que participa en la reunión de la OMC. Brasil apuesta por un desarrollo energético con vista en los biocombustibles.

Brasil, uno de los principales productores mundiales de etanol, desearí­a incluir a los biocarburantes en las negociaciones de la Organización Mundial del Comercio (OMC) para acceder más fácilmente a los mercados europeos y norteamericano, pero no acaba de convencer al resto de interlocutores.


Las ambiciones exportadoras de Brasil chocan con los derechos de aduana impuestos por Washington y Bruselas.

Durante la reunión ministerial de la OMC que se celebra esta semana en Ginebra, el ministro brasileño de Relaciones Exteriores, Celso Amorim, abordó la cuestión de los biocarburantes directamente con la representante estadounidense de Comercio, Susan Schwab. Pero su intento fue en vano.

«El etanol debe formar parte del acuerdo de esta semana», declaró Carlos Cozendey, director del departamento de economí­a del ministerio brasileño de Relaciones Exteriores.

«Por el momento, Estados Unidos ha dicho «no»», añadió.

En la OMC, Brasil trata de que el etanol (un alcohol utilizado como biocarburante que se extrae de la caña de azúcar) sea incluido en la lista de bienes medioambientales en las negociaciones y deje de ser considerado como un simple producto agrí­cola, beneficiándose así­ de un libre acceso a los mercados.

«Brasil produce 15 mil millones de litros de etanol anuales y sólo entre 3 mil y 5 mil van a la exportación», insistió Carlos Cozendey. «El potencial de exportación es enorme», subrayó.

Estados Unidos es el primer productor mundial de etanol (aunque en ese paí­s lo extraen del maí­z) con un 48% de la producción mundial en 2007. Brasil produce el 31% de la producción mundial, mientras que la Unión Europea lidera el sector del biodiésel, con el 60% de la producción mundial de aceites vegetales.

Además de la competencia de los otros paí­ses productores, Brasil se enfrenta a las crí­ticas hacia los biocarburantes, acusados de originar la actual alza de los precios alimenticios.

Si bien al principio fueron considerados como un medio de lucha contra el calentamiento climático, sustituyendo a la gasolina (el etanol) o al gasoil (el biodiésel), los biocarburantes están ahora en el punto de mira del Banco Mundial, de la ONU y de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE).

Este último organismo criticó en un reciente informe la dependencia de la producción de biocarburantes respecto a las subvenciones públicas por lo que abogó por una «moratoria».

«En la mayorí­a de paí­ses, los biocarburantes dependen en gran medida de las subvenciones públicas», particularmente en Estados Unidos, Canadá y la UE, según un informe de la OCDE.

Si el etanol «reduce generalmente las emisiones de gas de efecto invernadero, al menos en un 80% con respecto a los carburantes fósiles, los biocarburantes producidos a partir del trigo, la remolacha azucarera, los aceites vegetales o el maí­z «no suponen más que una reducción de entre el 30 y el 60%», subrayó el organismo.

Bruselas, que lanzó un programa para lograr para 2020 que el 10% de los carburantes tengan su origen en energí­as renovables, ha echado el pie al freno. En septiembre, el parlamento europeo deberá volver a discutir los objetivos de este plan.

«El bioetanol es como el colesterol. Lo hay bueno y malo», ejemplificó el presidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva.

Sin avances


Serias diferencias, sobre todo en el área industrial, persistí­an hoy en las negociaciones multilaterales de comercio de Ginebra, en las cuales muchas delegaciones manifestaron su indignación por haber quedado afuera de una reunión de las siete mayores potencias comerciales.