«En Guinea Ecuatorial, hasta las sillas tienen miedo», afirma resguardándose en el anonimato un habitante de Malabo, capital de Guinea Ecuatorial, país dirigido con mano de hierro desde 1979 por Teodoro Obiang Nguema, que derrocó e hizo fusilar a su tío Francisco Macias Nguema.
Desde entonces, Obiang ha implantado hábilmente una red de informadores-delatores para asentar su poder y su autoridad en un país de 500 mil habitantes.
«El miedo recorre las venas de los ecuatorianos», asegura Juan Nzo, vicepresidente de la Convergencia por una Democracia Social (CPDS), el único verdadero partido de oposición, que sobrevive con dificultades dentro del régimen de Obiang.
La CPDS obtuvo un solo escaño de los 100 en juego en las últimas elecciones legislativas celebradas en mayo, en las que hubo fraude y manipulaciones, según la oposición, que asegura ser «mayoritaria en el país».
«El jefe del Estado dice que todo el mundo debe ser un policía» en un país que tiene un temor enfermizo a los complots, según Nzo.
«En todos los pueblos y barrios, el PDGE (Partido Democrático de Guinea Ecuatorial del presidente Obiang) tiene las llamadas «células de base». También hay los presidentes de consejos de vecinos.