Migrantes padecen un «sufrimiento silencioso»


Un migrante, con una playera de las autoridades criminales de Las Vegas, solicita información por el programa de trabajo que ofrecen a los deportados.

Después de emprender un viaje con múltiples riesgos y contratiempos para poder alcanzar el sueño americano, miles de indocumentados guatemaltecos se encuentran con una pesadilla de humillación y explotación laboral en Estados Unidos.

Javier Estrada Tobar
lahora@lahora.com.gt

Un deportado coloca las cintas de sus zapatos luego de recibir sus pocas pertenencias en la Fuerza Aérea.

La necesidad de un empleo digno con un salario que satisfaga las necesidades básicas, es el principal motivo por el cual millones de latinoamericanos de escasos recursos deciden emigrar hacia paí­ses desarrollados.

Para poder cumplir con su objetivo, deben enfrentarse a la corrupción e impunidad que prevalece en el sistema migratorio, soportando así­ condiciones de vida infrahumanas y humillaciones que atentan contra su vida.

En el corredor de los migrantes -ruta que inicia en Nicaragua hasta llegar a Estados Unidos-, las historias sobre violaciones sexuales y asesinatos son comunes, incluso son narradas por policí­as y agentes fronterizos.

Jaime González, de 27 años, originario de Senahú, Alta Verapaz, llegó a EE.UU. en el 2006, luego de varios intentos por atravesar el territorio mexicano y cruzar la frontera.

De su experiencia González no olvida los malos tratos de los que fue objeto por las personas que le garantizaron llevarlo hasta la frontera, quienes, además, lo extorsionaron cobrándole más de US $6 mil.

El inicio

Atravesar la frontera es sólo el primer paso de un migrante para alcanzar el sueño americano, ya que después necesita un lugar para establecerse y conseguir un empleo que le permita subsistir.

Para ello, es necesario contactar a personas de confianza que estén bien instaladas en un trabajo o pedir ayuda a organizaciones de migrantes, refiere González.

Sin embargo, obtener los recursos para iniciar la búsqueda de trabajo es muy difí­cil; en esa empresa se depende en gran medida de la confianza y de varios riesgos, ya que podrí­a encontrase a las personas equivocadas y ser obligado a retornar.

Gracias a la recomendación de un tí­o, González consiguió ser empleado por una agroindustria en Utah, en donde trabajó hasta enero pasado, cuando fue expulsado por no tener la papelerí­a de ciudadano residente con permiso para trabajar.

La forma para obtener un empleo se basa en las convocatorias informales que lanzan las empresas estadounidenses a través de sus empleados indocumentados, quienes a su vez, contactan a otros que han sido despedidos o recién llegan a EE.UU., para que les acompañen en el trabajo.

El problema de la explotación laboral surge porque los indocumentados trabajan en condiciones de desventaja con respecto al resto de la población, señala Ubaldo Villatoro, director de la Mesa Nacional para las Migraciones (Menamig).

«Al aceptar un trabajo, los guatemaltecos que tienen un estatus migratorio irregular tienen que soportar violaciones a sus derechos, pues los patrones los chantajean para que no denuncien los abusos que cometen en su contra».

Sufrimiento silencioso

En el trabajo que realiza Villatoro para denunciar las violaciones a los derechos de los migrantes, se encuentra con que la mayorí­a de retornados señala haber sido ví­ctima de explotación laboral, trabajando jornadas de hasta 16 horas a cambio de un salario menor de US$ 400.

El clima laboral también es desfavorable para los migrantes, en ese sentido se han reportado varios casos de personas que tienen que soportar el arduo trabajo en el campo sin protección contra la deshidratación e insolación, o la exposición a los pesticidas de los cultivos.

El sacerdote Mauro Verzzeletti, de la Pastoral para la Movilidad Humana, refiere que los indocumentados deben pasar por un «sufrimiento silencioso» para poder subsistir y enviar un poco de dinero.

«Con mucha suerte consiguen un trabajo digno, pero eso sucede en muy pocos casos, cuando tienen alta capacidad y pueden optar por trabajos en organizaciones de derechos humanos o en iglesias», señala

De acuerdo con Verzzeletti, los latinoamericanos en condición ilegal en EE.UU. ya saben que de conseguir un empleo, será en actividades que los norteamericanos no desean hacer, o en los que el pago es mí­nimo.

A estas desventajas se debe sumar que no tienen la posibilidad de denunciar a sus patrones con las autoridades de gobierno o exigir los beneficios del Seguro Social, ya que esto representarí­a su repatriación inmediata, asegura el religioso.

CONDENA


Las organizaciones que trabajan a favor de los derechos de los migrantes muestran su rechazo a la explotación de la que son ví­ctimas los indocumentados, y a éstos se suma la Procuradurí­a de Derechos Humanos.

Ana Marí­a Méndez Chicas, defensora de las poblaciones migrantes y desarraigadas, ha condenado estos hechos y a la vez, emite un llamado para que el cuerpo consular en el extranjero atienda las demandas que surgen en estos casos.

Además, se debe investigar las violaciones que se cometen contra los indocumentados, ya que éstos tienden por reclamar el cumplimiento de sus derechos, señala Méndez.

«Al aceptar un trabajo, los guatemaltecos que tienen un estatus migratorio irregular tienen que soportar violaciones a sus derechos, pues los patrones los chantajean para que no denuncien los abusos que cometen en su contra».

Ubaldo Villatoro

Menamig