Continuando con las opiniones sobre la adhesión de Guatemala a Petrocaribe, la presidenta del Banco de Guatemala, María Antonieta de Bonilla, inusualmente, expresa: «hay que analizar detenidamente el manejo de la deuda y el manejo financiero de los recursos, ya que si se utiliza para financiar el gasto adicional, esto podría tener implicaciones para el déficit fiscal y el endeudamiento adicional. Pero si se utiliza como una fuente de financiamiento para sustituir deuda cara por otra más barata, la situación cambia». Su comentario es una crítica, igual hace Luís Lara, ex presidente de la Asociación de Bancos de Guatemala, quien dice: «este acuerdo podría duplicar la deuda externa en un lapso de ocho años, disparando indicadores macroeconómicos como la inflación».
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Este financiamiento a largo plazo y al uno por ciento, molesta e irrita a ambos banqueros porque sin duda alguna, ellos ya no jugarían en el futuro ningún papel como intermediarios en el endeudamiento, tampoco sus patronos podrían tener la enorme rentabilidad que han tenido en el financiamiento interno y externo de la deuda pública.
En todo caso, es el Congreso de la República el que deberá aprobar el endeudamiento, es ahí donde todos los partidos políticos tienen la excelente oportunidad de velar porque el financiamiento quede regulado y determinado dónde podrá utilizarse. Es el adecuado destino de la inversión lo más importante.
Las bancadas parlamentarias de los diferentes partidos deben comprender que ante la opinión pública, están en un momento de mucha debilidad, que sus posiciones y criterios deberán ser sumamente bien fundamentados para no ser señalados de improcedentes, aprovechados o inmaduros. Equivocarse implicaría una nueva carga política o desprestigio para el diputado o su partido.
Guatemala necesita urgentemente inversión sana, rentable, al más bajo costo posible, creadora de fuentes de trabajo y de desarrollo de medio y largo plazo, por ello, si este financiamiento se utilizara para construir hidroeléctricas como Chulac, Xálala, introducir agua potable a la capital, tan demorada y necesitada; construir el periférico, la transversal del norte, la autopista de peaje México-El Salvador en la costa sur, utilizando el derecho de vía del ferrocarril, estimularía el desarrollo, ayudaría a la salud, nos ahorraría consumo de petróleo, además las hidroeléctricas y las autopistas generarían suficientes ingresos para pagar el préstamo y sus intereses, bajaría la tarifa eléctrica y los costos de importación y exportación. Todo sería un gran beneficio económico y ecológico de medio y largo plazo, algo sumamente importante en un momento de crisis como el que vivimos.
El presidente debe ser cuidadoso y hábil en el manejo del tema, no precipitarse en sus expresiones. Por ejemplo, plantear la construcción de un ferrocarril es un tema que ningún país de América Latina puede afrontar, porque los ferrocarriles rentables actualmente son tan caros que sólo Europa y el Japón los están construyendo. Pretender que en Centroamérica habrá un ferrocarril como el Ave de España o el tren bala en Japón se aparta de nuestra posibilidad y realidad porque no tenemos el volumen de pasajeros, ni de carga.
Los inconvenientes son: enojar a los canches del norte, a los sobrinos del tío Arturo que como financieros de conocidos candidatos y partidos políticos los obligan a oponerse; conlleva el riesgo de interferencia política de Chávez y por supuesto mal utilizar los recursos en obras no rentables.