Un maratoniano Vía Crucis representado en las calles de Sídney y visto por centenares de miles de personas centró la atención del cuarto día de las Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ), mientras el papa Benedicto XVI advertía que el mundo cristiano enfrentaba una «coyuntura decisiva».
La multitud agolpada en las calles siguió la representación de las últimas horas de la vida de Cristo, interpretada por cerca de cien actores, obra que también observó el Papa en pantallas en la catedral de Santa María, centro de Sídney, desde donde partió la procesión.
En la catedral transcurrió gran parte de la agenda del pontífice hoy, cuarta jornada de las JMJ, que reúnen en Sídney desde el martes hasta el domingo a unos 215 mil peregrinos, de ellos 125 mil extranjeros, incluidos unos 12 mil latinoamericanos.
Benedicto XVI recibió en la mañana en la catedral a líderes cristianos, ante los cuales advirtió que «el movimiento ecuménico alcanzó una coyuntura decisiva», en momentos en que los anglicanos se enfrentan a un posible cisma por la ordenación de mujeres y homosexuales como obispos.
Ante representantes anglicanos, ortodoxos, luteranos y maronitas, el jefe de los católicos en el mundo (aproximadamente 1.100 millones de personas), pidió evitar la «tentación de ver la doctrina como algo divisivo» y como «impedimento para la tarea al parecer más apremiante y urgente de mejorar el mundo en el que vivimos».
«Los cristianos debemos trabajar juntos para asegurar que el edificio se mantenga firme para atraer la atención de otros para que entren y descubran los abundantes tesoros de la gracia», dijo el Papa en Australia, donde hace dos meses fue ordenada la primera obispa anglicana.
La consagración de obispos mujeres u homosexuales amenaza con dividir a los anglicanos, unos 77 millones de fieles en el mundo, cuyo cónclave más importante se encuentra reunido desde el miércoles en la localidad británica de Canterbury.
Momentos después, en otra reunión en la catedral, el Papa alemán de 81 años dijo ante jefes de varias confesiones que «la Iglesia busca con entusiasmo oportunidades para escuchar la experiencia religiosa de otras religiones».
«En un mundo amenazado por formas de violencia siniestras e indiscriminadas, la voz unificada del pueblo religioso exhorta a las naciones y comunidades a resolver conflictos por medios pacíficos y tomando en cuenta la dignidad humana», dijo Benedicto XVI ante representantes judíos, islámicos, hindúes y budistas.
Antes del inicio del Vía Crucis, un grupo de siete manifestantes que protestaban contra los abusos sexuales del clero católico con pancartas que decían «Quiten las manos de nuestros niños» y «Exprésate contra el abuso», fue retirado por la policía de un parque aledaño a la catedral.
El tema de los curas pedófilos en Australia ha vuelto a cobrar relevancia con la visita del Papa, quien se espera pida disculpas, tal y como hizo en abril en Estados Unidos, aunque esa posibilidad fue luego puesta en duda por el portavoz del Vaticano, Federico Lombardi.
Antes del Vía Crucis, que con su espectacular producción estuvo más cerca de una obra de Broadway que de la austeridad que promulga Benedicto XVI, el Papa almorzó con doce peregrinos, entre ellos un mexicano-estadounidense, una española y una brasileña.
Benedicto XVI cerró su agenda hoy con una visita en la iglesia de una universidad en Sídney a un grupo de jóvenes en rehabilitación, ante los que retomó el tema del «culto» a las posesiones materiales, al amor posesivo y al poder, que llevan a las personas a «tratar de jugar a ser Dios».
Ayer, tras surcar a la cabeza de una flotilla la bahía de Sídney y unirse a los jóvenes, llamó a combatir el «derroche» de los recursos naturales para alimentar un «consumo insaciable».
Las JMJ, termómetro de las inquietudes de los jóvenes que la Iglesia organiza en un lugar diferente cada dos o tres años, se iniciaron el martes con una multitudinaria misa y cierran el domingo con una misa de Benedicto XVI, en la que se esperan medio millón de personas.