El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, asumirá un papel internacional al aceptar la petición de la guerrilla de las FARC de participar en un diálogo de paz para Colombia, mientras aumentan en su país los problemas internos y las protestas de la oposición.
«Les respondemos a los hermanos de las FARC que sí, que estamos dispuestos a conversar, estamos dispuestos a dialogar, para aportar a la paz en Colombia», anunció Ortega en un acto anoche en la norteña ciudad de Estelí.
El mandatario izquierdista accedió así a la solicitud de las FARC de reunirse «personalmente» con él o su delegado para abordar «asuntos de la guerra y de la paz», en una carta que la guerrilla difundió el domingo, cuando Ortega se encontraba en Venezuela en la cumbre de Petrocaribe.
Según versiones del diario La Prensa no confirmadas oficialmente, el primer contacto podría producirse este sábado en Managua, con motivo de la celebración del 29 aniversario de la revolución sandinista, a la que asistiría una «delegación del Secretariado de las FARC», además del presidente venezolano Hugo Chávez, que confirmó su presencia.
De acuerdo al rotativo, la comitiva tiene previsto llegar «en un vuelo privado a la medianoche» de hoy.
«Si Ortega va a conversar con las FARC para la paz es correcto, porque es un esfuerzo en el que han estado empeñados varios» gobiernos, incluido el mismo presidente colombiano ílvaro Uribe, dijo el ex canciller y analista nicaragí¼ense Emilio ílvarez.
«Pero si va a conversar con las FARC para consolidar una asociación solidaria y propósitos comunes no me parece adecuado, porque las FARC han sido declaradas una organización terrorista y animar este tipo de orientación (…) sería perjudicial», alertó ílvarez.
Considera censurable, la posibilidad que en «las pláticas las FARC se sientan respaldadas para seguir en la misma línea de tener gente secuestrada y sacrificar a inocentes y traficar con drogas».
Las FARC recurrieron a Ortega en medio del proceso de reorganización que vive la guerrilla, tras la muerte de sus principales cabecillas, la deserción de algunos mandos y los golpes propinados por el ejercito colombiano que resultó a inicios de julio con el rescate de la política franco-colombiana Ingrid Betancourt y otros 14 rehenes.
La guerrilla ha agradecido el apoyo de Ortega, el único presidente que los llamó a seguir adelante y que advirtió a los mandos militares de Colombia que estan «equivocados» si creen que esto era «el fin de las FARC».
«No será por esa vía el fin de las FARC, y en todo caso están marcando el fin del fin de la estabilidad en Colombia», amenazó ayer Ortega, quien ha mantenido una tensa relación con el gobierno de Uribe y ha cuestionado su capacidad de negociar un acuerdo de paz con la guerrilla.
Los choques han sido alimentados por un conflicto de limites marítimos que ambos países enfrentan desde hace siete años y sus desavenencias sobre el trato a las FARC, que Ortega considera una fuerza «revolucionaria» y «legítima».
Sectores de oposición y analistas cuestionan el empeño de Ortega, líder del Frente Sandinista, por resolver los «problemas de afuera», cuando Nicaragua enfrenta una grave crisis económica debido a la elevada tasa de inflación, la pobreza, el desempleo y la inseguridad ciudadana.
Ortega «está muy concentrado y dedicado a las cosas de afuera», dijo ílvarez.
Señaló que «por eso la gente sale a las calles, no está contenta con la dirección que lleva el gobierno» y advirtió que durante la presidencia de Ortega «más bien ha aumentado la miseria y la desocupación».
Miles de manifestantes se tomaron ayer las calles de la capital para protestar contra el gobierno de Ortega por el alto costo de la vida y cierre de espacios políticos, la segunda marcha masiva que la oposición realiza este año.