Brasil, el vocero de los emergentes


Celso Amorim, negociador brasileño, ha sido uno de los principales responsables por reactivar la alicaí­da Ronda de Doha, y de impulsar una agenda fuerte para los paí­ses en ví­as de desarrollo.

Articulador de la voz de los paí­ses en desarrollo en la Organización Mundial de Comercio (OMC), Brasil es uno de los principales actores de la reunión ministerial convocada desde el lunes en Ginebra para definir el futuro de la Ronda de Doha de liberalización del comercio mundial.


El presidente Luiz Inácio Lula da Silva ha dejado claro que no claudicará en la búsqueda de una «conclusión equitativa» en las negociaciones que atienda las demandas de las naciones en desarrollo.

«Si los paí­ses ricos continúan con una actitud muy proteccionista (…) la Ronda puede estar comprometida», declaró el subsecretario económico de la Cancillerí­a brasileña, Roberto Azevedo.

El primer ministro británico, Gordon Brown, afirmó recientemente que «la clave para un acuerdo es Brasil».

«Brasil es uno de los grandes facilitadores en las negociaciones de la Ronda de Doha», aseguró el director del Instituto del Comercio y Negociaciones Internacionales (ICONE), André Nassar.

Brasil lidera con India el Grupo de los 20 paí­ses emergentes (G20), la voz más potente de las naciones en desarrollo frente a Europa y Estados Unidos, y además «asume un papel de mediador, buscando una solución intermedia entre la variedad de intereses de los paí­ses en desarrollo y de europeos y estadounidenses», explicó Nassar, que fue asesor del G20.

El gran articulador por Brasil es su canciller, Celso Amorim, un experimentado diplomático de 66 años, artista en mediar en la confrontación y protagonista en esa nueva diplomacia del comercio entre Norte y Sur.

Los analistas atribuyen a Amorim haber mantenido la unidad del G20 desde la creación de esta coalición de paí­ses en desarrollo en 2003, y además, de ejercer de puente con Washington y Bruselas, con las que tiene trato directo y constante.

Azevedo, su principal negociador, garantizó que el G20 mantendrá una «coordinación permanente» de sus posiciones la próxima semana en la ciudad suiza.

Esa coordinación ha garantizado la fuerza polí­tica al G20, que representa al 50% de la población mundial, al 70% de los productores rurales y al 26% de las exportaciones agrí­colas.

Empero la coordinación es una tarea hercúlea, dado los dispares intereses de los miembros del G20, con grandes exportadores como Brasil, Argentina y Chile, y otros interesados en proteger a los mercados y a los productores, como China e India.

La estrategia de Brasil y del G20 coincide con la apuesta de Lula, también llegado al poder en 2003, por una «nueva geografí­a del comercio» más equitativa con el Sur.

Hasta entonces, el papel de Brasil en la OMC habí­a sido periférico. Hoy, en cambio, ha puesto todo su empeño en esa negociación, dejando incluso de lado otros posibles acuerdos bilaterales, ganándose la impaciencia de sus industriales y agricultores.

Brasil y el G20 claman por que la llamada «Ronda del Desarrollo» de Doha cumpla con el objetivo con que fue creada: prestar servicio a los paí­ses pobres a través de la apertura de los mercados agrí­colas de los paí­ses ricos.

Un mediático mensaje de justicia social que ganó simpatí­as en la prensa y la opinión pública de los paí­ses ricos.

Es mejor ser una vaca en Europa que ciudadano en muchas partes del Sur, proclamaba la ONG Social Watch en 2003, año de la creación del G20, denunciando que cada vaca europea recibe un subsidio de 2,2 dólares por dí­a, mientras más de la mitad de la humanidad sobrevive con menos.

La Ronda de Doha arrastra cuatro años de atraso, enfrascada en esa disputa entre ricos y pobres. En contrapartida a su apertura en agricultura y corte de subsidios, las dos banderas del G20, europeos y estadounidenses quieren más apertura de los paí­ses en desarrollo en industria y servicios.

«Las cuentas no cierran» para un acuerdo, afirmó la pasada semana el presidente francés, Nicolás Sarkozy, al acusar a Brasil y otros emergentes de no hacer esfuerzos para abrir sus mercados de industria y servicios.