Unos 600 obispos anglicanos iniciaron hoy en Canterbury (sureste de Gran Bretaña) un cónclave de tres semanas sobre el futuro de su confesión, al borde del cisma por la cuestión de la ordenación de mujeres y homosexuales al rango de obispos.
La «Conferencia de Lambeth», que tiene lugar cada diez años, es la única que reúne a todos los obispos y arzobispos del mundo anglicano, que cuenta con unos 77 millones de fieles en el mundo.
Pero casi un cuarto de los cerca de 800 obispos de esa fe han decidido no asistir a la cita, por las profundas divergencias con el camino tomado por su Iglesia en los últimos años.
Los prelados más tradicionalistas, particularmente numerosos en ífrica, no estarán presentes; obispos norteamericanos, británicos y australianos también cuestionan la autoridad del jefe de la Iglesia anglicana, el arzobispo de Canterbury, Rowan Williams.
Williams tratará de volver a estrechar lazos entre los miembros de su Iglesia, mientras que los observadores evocan ya un cisma inminente entre los tradicionalistas y los liberales.
La piedra de la discordia fue la ordenación en 2003 por la iglesia episcopal americana de un obispo abiertamente homosexual; los conservadores estiman que tales ordenaciones son contrarias a la Biblia.
Ese controvertido obispo de New Hampshire, Gene Robinson, no ha sido invitado a Canterbury, pero ha anunciado que asistirá a las reuniones al margen de la conferencia.
La luz verde dada la semana pasada a la ordenación de obispas en la Iglesia de Inglaterra, ya en vigor en Estados Unidos, podría ampliar la brecha.
La conferencia, que tiene lugar en la Universidad de Kent en Canterbury, comienza hoy con una sesión plenaria a las once de la mañana (hora de Guatemala), a la que seguirán una cena y las oraciones.
Los obispos harán después un retiro de tres días en la catedral de Canterbury, iglesia madre de la comunión anglicana, antes de comenzar las discusiones temáticas el 3 de agosto.
En un mensaje de bienvenida, el arzobispo de Canterbury reconoció que la comunión anglicana pasa por un periodo crucial.
«Nuestra confesión atraviesa tiempos muy difíciles y no podemos ignorar las divisiones y conflictos que nos han azotado estos últimos años», escribe Rowan Williams en una declaración a los obispos.
«Pero, como dice el Señor (…), en la unión con él encontraremos la paz», subrayó.
Los organizadores han previsto grupos de discusión, «indaba», inspirados en la tradición zulú, para intentar favorecer la escucha entre los participantes que abordarán temas variados como la sexualidad, el medio ambiente o la evangelización.
Los debates llevarán al establecimiento de un «compromiso anglicano», texto que limitará la libertad de innovar de diferentes provincias.
Cerca de 300 obispos y arzobispos conservadores anunciaron, a la salida de una cumbre en Jerusalén a finales de junio, la formación de una nueva comunión en el seno de la Iglesia anglicana que no reconoce la autoridad del arzobispo de Canterbury.
Estor religiosos dicen representar a más de la mitad de los anglicanos del mundo.