En concordancia con la agobiante problemática que echa raíz con vigor, emerge muy campante, y a porfía a veces meros conatos a título de promisión. Y algo peor, brotan realidades vinculantes con la desesperación, junto a la angustia y una escalada de cosas y casos inscritos en las páginas de la indeseable depresión.
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Resultante es la presencia de un panorama que tiende, sin retroceso a oscurecerse aquí y allá, a plena luz del día. Pero de inmediato la reacción deviene como contraparte válida, cuando se reconoce y confía de lleno en la condición de adaptabilidad, arma defensiva que posee el ser humano en medio de otra contraria que es la mortalidad.
La primera cualidad mencionada fortalece con aires de triunfo y despeja situaciones adversas, donde cobra vigencia la axiomática sentencia que a pesar de los pesares el mundo sigue su marcha. Así surjan momentos de crisis aguda y también esperanzadoras, hay compromisos propios de no claudicar de ninguna manera.
Tan positiva y optimista acción corrobora el afán de luchar tesoneramente por medio de un espíritu ganador, a ciencia cierta. Además, hace el trazo y lo afianza a la vez, en condición de percibir un derrotero visible de nuestra identidad, gozosa de reconocerlo de extremo a extremo.
Mientras haya vida, por encima del desequilibrio económico-social, una piedra en el zapato, siempre existe un mañana estimulante de posibilidades que abre los brazos en señal de bienvenida, en directa sintonía con el mundo que continúa en marcha, sobre la base segura de sus movimientos de sobra conocidos.
El planeta Tierra, equivalente a la denominación popular de mundo, que sin embargo se mueve -dijo Galileo frente al cadalso- es el marco y escenario material de grandes sucesos. Catástrofes de diversa índole, guerras, acontecimientos relevantes, fenómenos naturales de lamentables consecuencias se suceden al calor del movimiento.
Las etapas desarrolladas son responsables de una clara demostración a lo largo y ancho de la historia, cuyas páginas les dan cabida. Pese a esa situación traducida en sucesión tajante continúa la marcha y movimiento en torno al eje imaginario que sostiene a la Tierra.
Grandes civilizaciones, culturas e imperios han tenido asiento, desarrollo, prosperidad y también decadencia. Empero, nuestro mundo por ningún motivo toma descanso, en busca que sus habitantes, como quiera que sea, alcancen las metas trazadas de antemano, al filo de la esperanza coadyuvante.
En lo científico acoge bien a los seres humanos, bajo el membrete de inventores e investigadores, cuyas mentes originan medicamentos, aparatos a la par de instrumental a tono con los avances tecnológicos. Todo ello al servicio de la humanidad, urgida de ayuda oportuna y eficaz para alivio de sus dolencias mortificantes.
Es simultáneamente el mundo incansable caminante, al amparo y garantía de la rotación y traslación que aprendemos desde los grados de la escolaridad primaria. Inclusive es el entorno y enorme hábitat de los seres vivos, sean humanos, animales y vegetales. Indispensables para el necesario equilibrio de la misma naturaleza.
El mundo reclama mediante convincentes ejemplos la urgencia de su conservación indispensable, a modo de compromiso ineludible. El caso harto conocido y sabido de continuar su marcha, implica por supuesto, y amerita devolverle algo de lo mucho que nos proporciona.