¡Qué Presidente el que tienen los nicaragí¼enses!…


Nos ha causado algo así­ como una mixtión de repulsión e indignación, aunque no, en absoluto, extrañeza, el contenido de una información publicada a toda página por elPeriódico el domingo 6 de este mes (julio/08) sobre las «hazañas» sexuales, cual sátiro consumado, de Daniel Ortega, el flamante presidente de Nicaragua que, por cierto, se ha declarado muy afí­n, al igual que Chávez, Correa, y Evo Morales -marionetas de Fidel Castro-con los sayones de las llamadas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) que, por sus atrocidades, pueden estar a punto de colapsar estrepitosamente.

Marco Tulio Trejo Paiz

Se trata de una nota de Juan Jesús Aznárez, quien, según parece, pertenece a la planta de Redacción de El Paí­s.

De entrada, leemos: -A Zoilamérica Narváez, Daniel Ortega le hizo creer que el destino de la revolución pasaba por la satisfacción de sus apetitos sexuales. «Llegué a creer que mi sacrificio realmente aportaba», testimonió (ella).

-El caudillo, presidente de Nicaragua de 1985 a 1990 y reelecto en 2007, consumó la primera violación de su hijastra en 1982, cundo él tení­a 34 años y la niña 15, según la acusación. Y siguió durante años.

-En junio de 1998, la entonces madre de dos hijos, presentó ante los tribunales una denuncia en su contra (contra el violador), sin saber cuánto esa confesión iba a determinar el futuro de una revolución, aplaudida cuando derrocó al dictador Anastasio Somoza en l979, pero malograda después por el autoritarismo, los cismas y la corrupción.

Desde que se colocó por primera vez en bandolera la insignia patria Daniel Ortega, éste y otros lí­deres «sandinistas» se apropiaron a lo bandido de bienes y empresas del Estado. Gazuzos, habí­an hecho gran fortuna aprovechando a más no poder los famosos consejos de administración de empresas públicas. Varios ya desertaron.

Merced a que los medios de comunicación internacional echan a volar lo que tiene los ingredientes de la noticia periodí­stica, el gobernante «sandinero» busca y encuentra de cuando en cuando alguna oportunidad de exhibir su «apolí­nea» imagen ante los televidentes y lectores de periódicos, no sólo de su feudo, para no hundirse en las tinieblas del anonimato, cosa que la estarán deseando muchos nicas que se han convertido en santo de espaldas por el repudio y el desprecio al Gran Jefe y a su manso rebaño… Y es que se abomina de la farsa de los demagogos «socialistas» a la soviética con máscaras sandineras.

Un ciudadano nicaragí¼ense que abandonó su suelo natal. En busca de promisorios horizontes, que llegó y se quedó aquí­, en nuestro paí­s, con su esposa y numerosos pequeños niños, se expresa en términos nada favorables para Daniel Ortega y sus paniaguados. En Guatemala se siente como pez en el agua. Sus vástagos han sido becados en buenos colegios y él, lo mismo que su consorte, trabajan justamente remunerados. Nos dice con cierto desencanto y sorna que Nicaragua está peor que cuando gobernaba el somocismo, e indica que ahora es otra dictadura oprobiosa la que se entronizó aprovechando la libertad y lo electorero de la «democracia» que se estila en nuestra América Indiana. í‰l, el nica, es todaví­a joven y, en su adolescencia, participó en la lucha contra Somoza.

Refiere, asimismo, que «el semianalfabeto y demagogo de Ortega» (sic) no es capaz de lograr buenas realizaciones para el pueblo porque es una nulidad y «engañabobos» que, por añadidura, ha sido, es y sigue siendo en la senescencia un resentido social, quizá -enfatiza- porque desde la infancia trabajó repartiendo tortillas en su barriada (su progenitora tení­a una venta callejera de ese producto alimenticio que consume la mayorí­a de los centroamericanos). Bueno…, nosotros consideramos que es edificante y dignificante todo trabajo, por sencillo o humilde que sea, siempre y cuando haya honradez y licitud.

Daniel Ortega, que hoy por hoy continúa arrellanado en el taburete presidencial de la Nicaragua virtualmente sovietizada, tiene los pecados de haber ultrajado a su hijastra Zoilamérica Narváez, según las acusaciones que se le hacen, así­ como de cometer otros hechos asaz condenables, por lo cual no puede ser un gobernante inmaculado, más bien es digno de la execración de todo un pueblo mil y tantas veces defraudado y oprimido.