Raúl Castro encabezará hoy por primera vez como presidente de Cuba la sesión anual del Parlamento, con la atención centrada en los cambios y restricciones que adoptará su gobierno tras un análisis crítico de la situación económica de la isla.
La reunión será la primera del Parlamento renovado en enero, y que eligió en una histórica sesión, el 24 de febrero, a Raúl como sustituto de Fidel Castro, quien tras casi medio siglo en el poder renunció por estar enfermo desde hace dos años.
El gobierno de Raúl Castro «acaba de autorizar permisos para los «boteros» (taxistas privados). Hizo muy bien porque han resuelto tremendo problema del transporte durante años. Vamos a ver los cambios que vienen porque yo creo que no todo son buenas noticias», dijo un recepcionista de 49 años, quien depende de lo «que aparezca» para trasladarse hasta su lugar de trabajo.
La autorización de licencias a transportistas privados, suspendidas en 1999, es la última medida -anunciada el martes- de la serie de cambios adoptados por Raúl Castro, pero la población espera más, y se pregunta si habrá algún anuncio en la sesión del Parlamento y en la fiesta revolucionaria del 26 de julio.
«He estado dedicado a otras cosas muy presionantes, como son los temas de la próxima Asamblea, algunos discursos que hay pronunciar no fáciles y otras cuestiones», dijo el mandatario el pasado fin de semana en un congreso de la prensa local.
Tras una semana de análisis de la situación del país en comisiones legislativas, se espera que Raúl fije las pautas a seguir para resolver problemas sensibles como la producción de alimentos, la falta de vivienda y el deterioro de los servicios de salud y educación -emblemas de la revolución-, entre otros.
«El impacto de la sustancial elevación de los precios de los alimentos y combustibles en el mercado internacional (…) obligará a ajustes y restricciones inevitables en la economía nacional», advirtió el diario oficial Granma esta semana.
En casi cinco meses de gobierno, Raúl levantó prohibiciones a los cubanos de hospedarse en hoteles, rentar autos o contratar celulares; liberó la compra de DVD, videos, microondas y computadores, además de autorizar licencias a transportistas privados.
Pero una de la medidas más importantes fue la que eliminó el «igualitarismo» y el techo salarial, para pagar a cada quien según su rendimiento, a fin de elevar la producción.
«El socialismo hay que construirlo trabajando; la gente tiene que sentir la necesidad material y espiritual de trabajar», dijo hace unos días el vicepresidente Esteban Lazo, miembro del poderoso Buró Político del Partido Comunista de Cuba.
En la misma cuerda, el gobierno lanzó una ofensiva contra los negocios ilegales que, con robos al Estado, nutren el gigantesco mercado negro en el que muchos cubanos prefieren trabajar, pues el salario -17 dólares el promedio mensual- no alcanza para vivir, a pesar de tener salud y educación gratis, y alimentos subsidiados.
La insuficiencia de los salarios y la baja productividad del país están en la mira del gobierno de Raúl, quien declaró la producción de alimentos «asunto de máxima seguridad», e inició una reforma agrícola con mejor pago al campesino, reparto de tierras y descentralización del sector.
El plan de vivienda sólo cubrió entre el 5% y 7% de la demanda acumulada, la educación está afectada porque un 50% de los maestros no tienen experiencia, en tanto persiste un 50% de tierras cultivables que están ociosas o subutilizadas.
Desde que asumió el mando interinamente en julio de 2006, Raúl Castro dijo reconocer la gravedad de los problemas, pero advirtió que no había «soluciones mágicas» y prometió «cambios estructurales».
Para Washington, las medidas han sido «cosméticas» y analistas internacionales estiman que mientras esté con vida Fidel, que en agosto cumple 82 años, no habrá cambios reales en la isla.
Raúl dice seguir la línea de su hermano y Fidel asegura apoyar su gestión. En junio pasado, al salir al paso a conjeturas, negó pugnas en el PCC.