GuateMALA


Si, lo digo sin empacho yo que siempre defiendo este terruño, sus atardeceres, sus recados exquisitos, sus rincones, mí­os en realidad. Aunque me expreso mal, no es el paí­s el malo, esta terminación no se aplica correctamente a su nombre, pero sí­ califica extraordinariamente bien a muchos y muchas chapinas que cual zopilotes sobrevuelan el espacio para ver a quién devorar

Claudia Navas Dangel
cnavasdangel@yahoo.es

En mi caso, yo como periodista y como mujer, debo, al parecer o según ellos, de responder a los criterios de muchos y muchas cuando deseo expresarme, si opino en un medio, tengo, así­ lo creen por lo visto, que acabar con la reputación de quien escribo, ningunearlo, de lo contrario soy una vendida y si a eso sumamos mi género, soy, además, una cualquiera que cambia sus palabras por favores y cariños.

No puedo siquiera pensar en hablar de un hombre, sea este artista, polí­tico o académico, porque rápidamente me acusan de que algo quiero, algo tengo, algo me da o le doy, que viene siendo lo mismo. Y lo digo, ya que como últimamente escribí­ sobre algunas personas que han destacado en el mundo de las artes, he recibido no pocos comentarios, muchos anónimos por cierto, que me señalan de diversificarme culturalmente entre el cine y la poesí­a más allá de mi criterio y admiración, en otros aspectos que si fueran ciertos o no, no les incumbe.

Así­ las cosas, así­ la molestia que me invade por estos comentarios baratos, por las envidias, la poca visión y la imposibilidad que tienen muchos y muchas de apreciar lo bueno en los demás, pero si la de ver la paja en el ojo ajeno, sólo puedo pensar en ellos como malos, malas, como mediocres, resentidos y bajos.

Dicen que aclaración no pedida, culpabilidad manifiesta, pero dicen también que el que calla otorga, y no pienso conferirles nada, así­ que sepan pues, quienes se arden cuando aplaudo el talento de quienes respeto, que me sobran virtudes, inteligencia y talento para obtener lo que quiera y que escribo con el mayor de los gustos sin esperar nada a cambio; escribo lo que me nace, que a diferencia de quienes enví­an estos mensajes, son palabras de optimismo, de orgullo y de esperanza.