El soldado y los robots que pelearán las guerras del futuro


Como lo anticipé la semana pasada, con esta columna doy inicio a las que dedicaré a abordar el tema de las guerras del futuro, tal como las proyectan librar los jerarcas del Pentágono y sobre lo cual, según parece, tecnológicamente han avanzado más de lo que se supone o se puede uno imaginar.

Ricardo Rosales Román

Es fácil entender, y así­ hay que verlo, que es la visión que tiene una de las partes que se enfrentan en un conflicto bélico de carácter local, regional o global. Serí­a demasiado ingenuo no suponer que aquellos paí­ses que están siendo ví­ctimas de las guerras de agresión, ocupación y conquista de los imperialistas estadounidenses, y los que están bajo su constante amenaza, no estén, por su parte, preparándose para enfrentarlas exitosamente y, llegado el momento, derrotar su cada vez más sofisticada maquinaria de guerra y a los soldados que las están librando. Esto es lo que está sucediendo en Afganistán e Irak y lo que podrí­a suceder en Irán y otros paí­ses que considera como los «ejes del mal».

En un artí­culo de Clayton Dach (El soldado del futuro de EE.UU. Drogado, blindado y matando a distancia), se hace referencia al uso de las anfetaminas. Durante la Segunda Guerra Mundial, por primera vez se detectó que tanto las fuerzas aliadas como las del Eje, «recibieron por igual tabletas de «speed» para prevenir la fatiga en el campo de batalla». Sesenta años después, «la Fuerza Aérea de EE.UU. sigue repartiendo dexanfetamina a pilotos cuyos deberes no permiten el lujo del sueño».

Más recientemente se ha sabido que «EE.UU., el Reino Unido y Francia […] han estado financiando investigaciones de una nueva generación de potenciadores del rendimiento militar». Este tipo de droga está siendo utilizado «para prevenir los efectos frecuentemente desagradables como trastornos por estrés postraumático». Se trata del empleo del propranolol que para «uso militar equivale a eliminar los remordimientos de conciencia».

El autor del artí­culo ve como «poco probable que los efectos tranquilizantes de los beta bloqueadores permitan su uso generalizado en el campo de batalla», pero de lo que no duda es que «la farmacologí­a se mueva más rápido con cada año que pasa», y pueda llegarse a contar con un espécimen de «soldado incansable», sin ningún «remordimiento de conciencia».

Además, se está a la búsqueda del «soldado intermediado» conocido como «el Guerrero de la Fuerza Futura de EE.UU.», el «Futuro Soldado Integrado en el ejército británico», y el «Félin en Francia», y cuyo «programa de modernización global» marcará «el comienzo de una reimaginación total de las fuerzas armadas».

Según Dach, «en términos concretos eso se traduce en una diversidad de instrumentos diseñados para intensificar la letalidad y la supervivencia [?] que permitan que los soldados que los llevan puestos carguen cientos de kilos -incluso cuando corren- sin transpirar, así­ como equipos portátiles de gestión de imágenes que aseguran la capacidad de ver objetivos a través de los muros».

Se sabe que hace cinco años el «Comando de Fuerzas Conjuntas de EE.UU. [?] predijo que robots autónomos conectados en red -más rápidos y letales que combatientes humanos- podrí­an llegar a ser la norma en 2025 [?]. Se trata de colocar fuera de peligro a los soldados, no de eliminar por completo a los seres humanos de la «cadena de la muerte».

Cabe estimar, entonces, que entre unos 17 años se esté en presencia de escenarios de guerra en que una de las partes en combate disponga de tropas de «soldados ausentes» que estarí­an sustituyendo al «soldado intermediado», relevo, a su vez, del «soldado incansable».

Por aparte, en otro artí­culo de Eric Sofge titulado El soldado perfecto, se hace una detallada ilustración de los rudos e inteligentes robots armados de la primera generación que, «libres de miedo, cansancio y errores, [?] pelearán las próximas guerras». Estos robots están considerados como «las máquinas de guerra más avanzadas». Se trata, por ejemplo, de los UGVs (vehí­culos de tierra no tripulados) de los que ya, «en la actualidad, hay por lo menos seis mil [?] utilizados por el Ejército y la Marina de Estados Unidos en Irak y Afganistán. Durante esos años, estos pequeños vehí­culos a control remoto han permitido que las tropas espí­en del otro lado de las esquinas e investiguen las bombas».

El coronel Barry Shoop es de la opinión que «si enviamos una plataforma robótica a una habitación, tal vez reciba algunos disparos, pero se puede reparar con facilidad. En cambio, un soldado o un marino no se curarán con la misma facilidad».

Tratándose de otro robot, el MULE, de Lockhneed Martin, el Ejército de Estados Unidos ordenó ya más de mil 700 para 15 brigadas, los que estarán listos para el combate en un plazo de seis años. El asistente de gerencia de este programa, mayor David Mayers, no disimula su altanerí­a cuando asegura que el MULE da «una idea de cómo será el equipo en el futuro: robótico, autónomo y algo escalofriante».

A la luz de estos letales adelantos tecnológicos, es cada vez más evidente que, como opina Dach, «la guerra real se mueve rápidamente hacia la abstracción estratégica y tecnológica».