Una de las grandes falacias del neoliberalismo y en general de los defensores de la política del libre mercado, es que los empresarios privados son más eficientes y más ágiles en comparación con los servicios de las instituciones del Estado. Sin embargo, la realidad diaria evidencia todo lo contrario. Para muestra un botón, la impresionante deficiencia de la Empresa Telecomunicaciones de Guatemala, Telgua, S.A., en donde la pésima atención al público, el constante cobro de llamadas fantasmas y la lentitud de los servicios, son el denominador común.
Desde hace casi un mes, los vecinos de la colonia Valle de Navarra situada en jurisdicción del municipio de San José Pinula, departamento de Guatemala (kilómetro 26 y medio de la carretera a Mataquescuintla), no tienen servicio telefónico a pesar de los diferentes reclamos que han hecho a las oficinas de Telgua.
Varios de los afectados refieren que el 17 de junio, Día del Padre, ya no contaban con la correspondiente señal, por lo que dieron el respectivo aviso conforme los procedimientos establecidos. Adicionalmente informaron de la irregularidad a la Sección de Relaciones Públicas de esa empresa. Sin embargo, su sorpresa es que esta semana al requerir información sobre el asunto en una de las agencias de Telgua, uno de los empleados indicó que no tenían conocimiento del problema.
Los vecinos tuvieron que hacer un nuevo reclamo, recibiendo la promesa que en 72 horas los técnicos de Telgua estarían atendiendo las quejas. Sin embargo, hasta hoy persiste la falta del servicio telefónico aun cuando las facturas de cobro siguen llegando a las viviendas de los usuarios como si no hubiera ninguna anomalía.
La notoria negligencia del personal de Telgua para atender las peticiones a efecto de rehabilitar el servicio telefónico en Valle de Navarra y lugares circunvecinos, se suma al característico mal servicio de esa empresa de telecomunicaciones, la cual fue privatizada durante el mal recordado gobierno del señor ílvaro Arzú, lo cual constituyó un abierto despojo del patrimonio del pueblo en medio de un torrente de dudas sobre la transparencia de la operación.
Nosotros sustentamos el criterio que la privatización de la empresa de telecomunicaciones fue un grave error, pues aunque uno de los «ganchos» propagandísticos era que el servicio iba a ser mejor, la realidad confirma que no es así. Ahora el servicio telefónico no sólo es pésimo sino más caro. Por atender un sector estratégico como son las comunicaciones telefónicas esa empresa tendría que ser propiedad del Estado. Para ello hay que promover su nacionalización como se hizo recientemente en Bolivia.