Los fondos de Petrocaribe


El tema de Petrocaribe despierta, como era de esperar, reacciones muy apasionadas porque al fin de cuentas tiene que ver con Venezuela y más aún con el presidente Hugo Chávez, personaje que se ha convertido en uno de los mayores polos de polémica de la polí­tica en América. En resumidas cuentas se trata de una operación en la que se compra petróleo a precios de mercado pero se obtiene un financiamiento de largo plazo por el 50% de la factura para destinarlo a inversión social y el resto es pagadero a 25 años, con dos de gracia y una tasa de interés del uno por ciento. Entiendo que una condición es que se destine ese dinero a inversión social.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

Platicando con colegas periodistas sobre el polémico asunto, Lucy Barrios lanzó al aire una idea que me parece interesante y que valdrí­a la pena explorar. Según ella, la operación con Petrocaribe serí­a positiva para el paí­s si permitiera financiar la construcción de un gran proyecto hidroeléctrico que nos haga menos dependientes en el futuro del petróleo. En otras palabras, se tratarí­a de utilizar el financiamiento externo para impulsar una obra de gran envergadura que podrí­a proyectar beneficios económicos y sociales al paí­s a lo largo de muchos años. Ella piensa que si el dinero proveniente de la mitad de la factura petrolera se utiliza con criterio populista para repartirlo entre la gente no se estará ayudando en mucho a la población porque serí­a algo así­ como la comida de hoy y el hambre de mañana.

Debemos entender que alrededor de esta negociación hay una satanización de entrada porque el trato tiene que ser con Chávez y eso es como una mala palabra para muchos en Guatemala y especialmente para los sectores empresariales y para buena parte de la prensa del paí­s. Sin embargo, hay que ver que en este tipo de cuestiones un gobernante como el presidente Colom tiene que considerar factores esenciales como el beneficio que para la Nación puede tener ese financiamiento que es mucho más barato que el que podrí­a obtenerse en cualquiera de las instituciones financieras internacionales, no digamos de las nacionales que se convirtieron en las únicas prestamistas del Estado gracias a la sucia maniobra de la consulta popular para reformar la Constitución en tiempos de Ramiro de León Carpio.

Eso nos coloca en el punto de discutir el destino del financiamiento que vendrí­a por Petrocaribe y obviamente ese tema es importante y sensitivo. Una de las mayores oposiciones es que el dinero vaya a parar a los fondos del llamado programa de Cohesión Social que dirige la esposa del Presidente porque se considera que será utilizado polí­ticamente para impulsar sus ambiciones polí­ticas que parecen ser muy grandes. Considero que es importante entender que una cantidad tan importante de recursos frescos puede ser determinante para la ejecución de obras que hoy están fuera de nuestro alcance y que tendrí­an tremendo impacto en la economí­a del paí­s y en la capacidad futura de generar más bienestar para todos los habitantes. Una hidroeléctrica podrí­a generar, además, los fondos para pagar esa deuda y evitar así­ que el compromiso sea oneroso para las futuras generaciones.

En resumidas cuentas, debemos centrar el debate en el destino de los fondos más que en la satanización porque sí­ de la operación Petrocaribe que podrí­a, si es bien utilizada, servir para generar más desarrollo social y aliviar la situación de pobreza.