Ningún gobernante puede llenarse la boca diciendo ser el único que atiende el problema de la desnutrición escolar, del nivel primario. Puesto que los anteriores han hecho lo propio, mediante planes y proyectos que responden a políticas gubernamentales en ese sentido, desde varios años atrás.
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De una u otra manera su accionar tiende a la realización del caso interminable, con algunas lagunas, fruto de criterios erráticos. El vaso de leche, galleta nutritiva, desayuno formal, almuerzo, o como quiera denominarse. Todo apunta al alcance de una meta importante y beneficiosa para la niñez del país.
Cualquier empeño en esa dirección es algo obligatorio y natural, jamás podrá ubicarse en la frontera de un éxito sin precedentes. Es además un enorme compromiso que deberá dar las espaldas a la política cimarrona en cualquier momento. Debe responder en definitiva al servicio de la niñez, urgida de la debida atención.
No es un secreto tocante al hecho alarmante, cómo un alto porcentual de la gente menuda llega a diario a la escuela con el estómago vacío y con los intestinos ruidosos. De consiguiente, no es necesaria una gran sabiduría para colegir fácilmente que el rendimiento educativo de ellos dista de los niveles deseables.
El problema, similar a tamaña realidad, refleja el grado de pobreza y pobreza extrema que abate a los guatemaltecos, mayormente a las clases desposeídas del interior y el área rural, donde la situación tiene calificativo de calamidad. Un cuadro crítico permanente y creciente que nunca puede ocultarse, tampoco soslayar.
Razón de peso tiene algo inaudito, que llora sangre y causa rechazo. Se trata de la millonaria cantidad de quetzales transferida del presupuesto del Ministerio de Educación, de la administración Berger, para los trabajos de remodelación de la Terminal aérea La Aurora.
En resumen, sea como sea, algunas veces se proporcionó desayuno y almuerzo, auspiciado por el Mineduc y la estrecha colaboración de entidades de servicio social. Vale decir, una mejor y mayor atención a las nuevas generaciones de guatemaltecos y guatemaltecas del sector escolar.
Aparte del compromiso adquirido por el gobierno central a través del ministerio respectivo, resulta imperativo concientizar a las comunidades, a efecto de coordinar esfuerzos tras la conocida meta. Una cantaleta promocional decía: «Más y mejor educación», que requiere del complemento de con una mejor alimentación.
Conviene destacar con todas sus letras la necesidad de que la coordinación y ejecución de dicho programa de nutrición escolar tenga un rostro evidente de transparencia. Denuncias señalan con índice acusador que antes la leche aparecía después en algunas tiendas de barrio.
Todo empeño relativo a la reforma educativa tiene que contar con una atención y calidad, en la búsqueda y ataque a la desnutrición responsable del ausentismo y mal rendimiento escolar, del nivel primario. Esas y otras muchas cosas más son materia pendiente de recuperación.
Cualquier acción dirigida a hacer la guerra sin cuartel a la desnutrición escolar, que a la postre es un mero relevo. Merece abiertamente la promocionada Solidaridad responder el ciento por ciento, con miras a ganarle al final al flagelo, enemigo acérrimo del futuro del país.