Un mar en un océano


En la década de 1980 Estados Unidos era el cuarto paí­s hispanohablante del planeta, superado únicamente por México, España y Argentina. Se pronostica que ocupará el segundo lugar durante el primer cuarto de este siglo. El inmenso crecimiento del español en Estados Unidos es uno de los acontecimientos lingí¼í­sticos y polí­ticos más importantes de nuestro tiempo, que guarda relación con una serie de sucesos históricos, polí­ticos, inmigratorios, demográficos y económicos.

Marco Vinicio Mejí­a

Si bien 200 millones de norteamericanos sólo hablan inglés y la mitad de los inmigrantes lo manejan con destreza, varios estudios muestran el éxito de la asimilación lingí¼í­stica. Una investigación realizada en Los íngeles entre la comunidad mexicana señaló que en la tercera generación sólo el 4% de las mujeres utilizaba el español en el hogar, el 12 por ciento hablaba los dos idiomas y el 84 por ciento únicamente el inglés.

La «Hispanidad norteamericana» tiene larga data. Estados Unidos adquirió en 1821 el antiguo territorio español de La Florida. Los anteriores territorios mexicanos de Texas, Colorado, Nevada, Arizona, Nuevo México y California fueron anexados en 1848, y en ellos se hablaba español antes de la llegada de los angloparlantes. La continua emigración desde los paí­ses latinoamericanos y España ha mantenido, fortalecido y expandido la vigencia de la lengua española en ese paí­s.

Otro fenómeno lingí¼í­stico es el «spanglish», lenguaje que corresponde a una manera de vivir, tiene sus propias reglas de desarrollo y constituye una «lengua transgresora», nacida de la experiencia común del exilio, la discriminación y el acceso limitado a los derechos sociales, civiles, polí­ticos y culturales. El spanglish constituye una pérdida si se considera la existencia de una gramática unificada de la lengua española como patrimonio de los hispanohablantes. Esa variación debe reconocerse y reglamentarla, ya que o se incorpora al español o se convertirá en una nueva lengua.

La continua y numerosa inmigración de hispanos ha permitido la supervivencia de la lengua española en el océano del inglés norteamericano, lo que no ocurrió en Luisiana, asentamiento fundado a finales del siglo XVIII y cuya población de hispanohablantes se redujo drásticamente, al no contar con un flujo inmigratorio fortalecedor de las posiciones del español local.