Cuando la historia se repite


La enemistad entre el presidente Roosevelt y el Primer Ministro británico Winston Churchill, tení­a mucho que ver con las anteriores cuatro guerras que los enfrentaran y el rechazo del primero a la polí­tica constante de Londres, a imponer su Sistema Económico de Libre Comercio, como un medio de sostener, solapadamente su imperialismo. Y a pesar de que por sus presiones, la Carta del Atlántico en su Artí­culo III rezara que los paí­ses tienen el derecho soberano de darse el tipo de gobierno que escojan, la verdad ha sido, de allá para acá muy otra.

Carlos E. Wer

Los británicos veí­an en la presencia del vicepresidente Henry Wallace (el creador del programa energético, pilar en la recuperación económica estadounidense) la continuidad en las polí­ticas que habí­an llevado a los Estados Unidos a convertirse en la primera potencia industrial del mundo. Sabiendo que Roosevelt no aguantarí­a el cuarto perí­odo presidencial, dada su precaria salud, los intereses británicos no debí­an ni podí­an permitir que Wallace se convirtiese en su heredero. «Poderoso caballero es don dinero», inflaron a un pelele anglófono Harry S. Truman, el mismo que siguiendo los intereses británicos cometiera el primer genocidio atómico, totalmente innecesario. Y lo convirtieron en candidato vicepresidencial de la fórmula Roosevelt, obsequiándole de esta forma la presidencia del paí­s más poderoso del mundo, garantizando para sí­ mismos la posibilidad de mantener su manipulación polí­tica, que les llevara al final de cuentas a que sus objetivos fuesen cumplidos. El siglo XXI verí­a sus albores con el dominio mundial del Libre Comercio, su Sistema Económico.

Hoy, en 2008 sus huestes de herederos de Jeremí­as Bentham su Jefe de Inteligencia, visualizaron el peligro, que a pesar de todo, podrí­a presentar para sus intereses el triunfo de la Senadora Hillary Clinton, en la campaña presidencial estadounidense. Esta tendrí­a quisieran o no, cerca de ella la experiencia de su esposo, a quien el escándalo de la agente del Mossad, Mónica Levisnky, detuvo en el intento de revisar el alicaí­do sistema financiero internacional y encontrarle salida. Sin oponente en el campo demócrata que le pudiese disputar el triunfo, «inventaron» una nueva figura, que además cautivara con el discurso de cambio. Y encontraron en el joven Senador Barack Obama al personaje. Con todo y el ascendiente de la señora Clinton, los aportes económicos que llegaran hasta la campaña de Obama, rápidamente la sobrepasaron. Y los triunfos empezaron a aparecer, hasta llegar hasta la posibilidad de que de él sea el triunfo.

Pero, siempre el pero, detrás de la campaña de la pérfida siempre hay una carta marcada de pero. Y ese pero resulta, no solamente en el aviso de «The Guardian» de que se conoce su pasado ligado a Tony Rezko, un representante de la mafia, sino que, en la presencia dentro de su equipo de asesores cercanos a Anthony Lake, asociado de George Schultz, no solamente pieza vital en la polí­tica pro británica en Estados Unidos, sino corresponsable con Maquiavelo Kissinger del derrocamiento del presidente Allende en Chile y creadores del monstruo Pinochet.

Y claro, al hablar de Pinochet, no solamente se habla del personaje, sino del andamiaje que llevaba a la cola y que diera como resultado la «Operación Cóndor» y su legión de criminales de guerra nazis que fueron utilizados para hacer cundir el horror en el Cono Sur.

¿No sabí­a el Senador Obama de la Operación Cóndor; no conocí­a la paternidad de Kissinger y Schultz sobre ese infame proyecto? El dardo está lanzado, cuestionando con un tema tan sensible para los grupos de Derechos Humanos que se han opuesto a las polí­ticas de asesinatos, secuestros, y desapariciones que acompañaron el plan.

La experiencia de los servicios de inteligencia británicos es proverbial. Y así­ como ayer contribuyeron a atomizar a los paí­ses de Sur América, impidiendo que el pensamiento y la visión del Libertador Simón Bolí­var mantuviera cohesionados a los paí­ses que habí­an estado bajo el unificado mando español, creando una unión de paí­ses que hoy serí­an potencia mundial.

Las piezas de su ajedrez económico, ante la amenaza del colapso del sistema económico, tanto tratan en los Estados Unidos de manipular para promover las opciones de poder que les favorezca. Debilitado el Partido Demócrata, le abren la opción para el triunfo republicano favorecedor de la guerra como medio de mantener el sistema.

De su «otro brazo» que trata de promover el incendio en la recién nacida Unasur, hablaremos más tarde.