Abiertas las puertas para la solución del conflicto colombiano


La muerte del lí­der histórico de las FARC, Manuel Marulanda, supone el mayor golpe moral para esa guerrilla colombiana en 44 años de existencia y amplí­a el espectro del ala polí­tica del grupo de cara a un canje de rehenes y una solución pací­fica del conflicto, estiman analistas.


«Es un hecho de la mayor importancia porque Marulanda era el mito fundacional de las FARC», dijo Alejo Vargas, politólogo de la Universidad Nacional (pública).

Alias «Tirofijo» falleció el 26 de marzo a los 80 años de un paro cardí­aco, según admitieron las FARC ayer en un comunicado en el que anunciaron que su sucesor será Alfonso Cano, responsable ideológico y lí­der de la tendencia moderada.

«Es el golpe más importante para las FARC. Marulanda cohesionaba a la guerrilla, oí­a las opiniones de todas las vertientes y consolidaba una sola posición. Era el hombre histórico, el fundador, el que tení­a la última palabra», señaló el ex comisionado de paz Camilo Gómez.

Gómez dirigió las fracasadas negociaciones que celebraron las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC, marxistas) y el gobierno de Andrés Pastrana entre 1998 y 2002.

Carlos Lozano, director del semanario comunista Voz y uno de los pocos periodistas que pudo entrevistar a Marulanda, coincidió en que el deceso deja un «vací­o grande» en las FARC y «afectará la toma de decisiones» entre los siete miembros del «secretariado» (cúpula), aunque no creará divisiones.

«Es el golpe más devastador a la moral de la guerrilla y sus pretensiones de seguir en la lucha armada», indicó el experto en seguridad Alfredo Rangel.

Rangel subrayó que la muerte de Marulanda ocurre en momentos en que las FARC han sufrido los mayores golpes militares de su historia, como la pérdida del número dos, Raúl Reyes, en un ataque a su campamento en Ecuador el 1 de marzo.

Relativizando esa opinión, el ex jefe de las Fuerzas Militares, general Manuel Bonnet, sostuvo que «lo que murió fue el sí­mbolo de la guerrilla, pero en el plano militar todo seguirá igual».

«Creer que las FARC desaparecen con la muerte de «Tirofijo» es pensar con el deseo», afirmó el analista Vicente Torrijos.

El deceso de Marulanda también plantea expectativas en torno a la posibilidad de negociar con su sucesor un canje de secuestrados, entre ellos la colombo-francesa Ingrid Betancourt, por rebeldes presos y una solución pací­fica del conflicto.

«»Tirofijo» representaba la lí­nea más agraria y fundamentalista del comunismo. Con las nuevas generaciones del secretariado, mirando la realidad con cierto pragmatismo, puede abrirse un proceso de paz», opinó el general Bonnet.

El ex comisionado Gómez destaca que Cano «tiene una larga experiencia como negociador», tras participar en los años 90 en los diálogos de Caracas y Tlaxcala (México). «Es de una lí­nea más polí­tica, lo que no necesariamente facilita las cosas porque puede ser más doctrinario», anotó.

Lozano sostiene que aunque Cano «pondrá el acento en lo polí­tico, tendrá que buscar consensos», por lo que «los trámites y los tiempos serán más largos».

«Cano puede tener un mayor margen de maniobra con miras al canje y un proceso de paz, pero tiene un desafí­o interno que es mantener la cohesión», afirmó Alejo Vargas.

«Podrí­amos pensar que la lí­nea polí­tica, que vení­a compitiendo con el ala militar, terminará imponiéndose, lo cual serí­a una buena noticia para el intercambio humanitario como salida al conflicto», comentó el ex presidente Ernesto Samper (1994-98), promotor del canje.