Aferrados a la promesa birmana


Un niño espera frente a su casa en Yangon, una de las regiones más dañadas por el ciclón Nargis en Birmania. El gobierno de Myanmar prometió la apertura para la ayuda humanitaria internacional.

Las Naciones Unidas y las ONG occidentales se aferraban hoy a una tí­mida promesa de la junta birmana de dejar entrar a los cooperantes extranjeros para brindar ayuda humanitaria a las ví­ctimas del ciclón Nargis que hace más de tres semanas devastó el sur del paí­s.


«Mi esperanza es que (los generales birmanos) cumplan con su compromiso. Es lo que queremos ver», dijo con optimismo el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, antes de viajar de Bangkok a Nueva York anoche.

Durante un excepcional viaje a Birmania, Ban consiguió arrancar el viernes pasado al número uno de la junta, el generalí­simo Than Shwe, un acuerdo de abrir el paí­s a «todos» los trabajadores humanitarios internacionales.

Ban y los paí­ses occidentales intentaron además presionar al régimen militar alegando la urgencia de «salvar vidas», dando ayuda a los 2,4 millones de siniestrados por el Nargis, en una conferencia celebrada ayer en Rangún; la junta prometió en esa ocasión decenas de millones de dólares para la reconstrucción.

Birmania evalúa en más de 10 mil millones de dólares los daños ocasionados por una de las peores catástrofes naturales de la historia reciente, que dejó al menos 133.600 muertos y desaparecidos entre los dí­as 2 y 3 de mayo en el sur del paí­s.

Ban Ki-moon elogió un «nuevo espí­ritu de cooperación» y un clima de «confianza», pero reconoció que todaví­a hay divergencias con el régimen militar birmano, históricamente reticente ante los paí­ses occidentales y obsesionado por defender su soberaní­a.

La ONU considera que más de tres semanas después de la tragedia el paí­s «todaví­a está claramente en una fase de urgencia», pese a que la junta ya habla de reconstrucción.

«Lo importante es que le generalí­simo Than Shwe y yo tenemos un acuerdo», aunque «no creo que estemos de acuerdo en todo», declaró Ban Ki-moon.

Pese a la crisis humanitaria, la junta mantuvo el sábado pasado en las zonas siniestradas la segunda vuelta de un referéndum sobre una nueva Constitución, y hoy proclamó victoria, al anunciar que el proyecto fue aprobado por 92,93% de los votos y una participación de 93% en las regiones de Rangún y eld elta del Irrawaddy.

Según la junta, la nueva Constitución, redactada bajo su tutela, abrirá la ví­a a unas elecciones multipartidarias en 2010.

La opositora Liga Nacional por la Democracia (LND), de la Premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi, denunció que el texto fortalece el poder de los militares y criticó al régimen por celebrar el referéndum en lugar de centrarse en ayudar a la población tras el paso del ciclón.

El primer ministro birmano Thein Sein, sin dar marcha atrás a las promesas del jefe de la junta Than Shwe, fue más prudente en sus declaraciones sobre la ayuda humanitaria internacional.

Birmania «examinará (caso a caso) la posibilidad» de dejar entrar a los cooperantes «que deseen ayudar en las tareas de reconstrucción y rehabilitación, en función de nuestras prioridades», afirmó.

Francia renunció a descargar en Birmania un barco que transportaba 1 mil toneladas de ayuda, frente al rechazo de las autoridades.

El naví­o de la Armada francesa, «Le Mistral», se dirigió al puerto tailandés de Phuket, y entregará su cargamento al Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU.

Para las organizaciones humanitarias, lo importante es acceder lo antes posible y con el mayor número de efectivos posible a la región aislada del delta del Irrawaddy (suroeste) y poder trabajar libremente.

«Tenemos una autorización verbal y un acuerdo de principio para que los extranjeros pueden entrar» en el delta, «pero hasta el dí­a de hoy no tenemos nada escrito», declaró hoy Chris Webster, de la ONG World Vision.