De adorno están los embajadores


El gobierno de Guatemala tiene embajadas en numerosos paí­ses de los diversos continentes, algunas de ellas innecesarias que sólo inflan más de la cuenta el presupuesto nacional.

Marco Tulio Trejo Paiz

No sabemos cuál es el monto total de los sueldos y gastos que se pagan con los dineros del acogotado pueblo, pero suponemos que son muchos los millones que se tiran como a espuertas cada mes sin mayores beneficios para el paí­s.

Hay, indudablemente, representaciones diplomáticas que estarán desempeñando un papel de importancia, pero serán pocas, relativamente. Las más están como de adorno. Pueden decirse que están sobrando.

Los hombres que hacen turno de jornada en jornada en el principal despacho del palacio verde suelen abrir embajadas en cercanas y lejanas latitudes para complacer a la gente que se «portó bien» en las famosas campañas polí­tico-electorales, no precisamente en razón de las necesidades que se tienen para dinamizar positivamente las relaciones con el mundo exterior. Eso ha ocurrido siempre.

Hay regiones en las que bastarí­a acreditar solamente una o dos embajadas para atender los asuntos que interesan al Estado guatemalteco, no propiamente a quienes se han arrellanado en el codiciado trono.

De hace varias décadas a estas alturas del tiempo, se ha producido una serie interminable de «tours» del Presidente, del Vicepresidente, de los ministros, de los diputados y de otros funcionarios de la élite polí­tico-burocrática que se traga, como un «siguán», verdaderos torrentes de millones de nuestra devaluada moneda.

Debe ponerse un patriótico «Â¡hasta aquí­!» a esa situación propiamente del abuso de los señores que ejercen el poder al presente y de los que ya están haciendo «cola» para ocuparlo en lo venidero. Es cuestión de proceder como estadistas; como ESTADISTAS, recalcamos con letras mayúsculas, y no como unos politiqueros marrulleros que estafan las legí­timas aspiraciones de los guatemaltecos que, por cierto, se caracterizan (o nos caracterizamos) por la paciencia franciscana…

Hay paí­ses pequeños como el nuestro, incluso más pequeños que el nuestro, territorialmente hablando, que han logrado grandes realizaciones de progreso porque sus gobernantes han actuado pensando en los caros intereses de sus dominios y no para ensanchar sus filas partidarias ni para «engordar» a tantos politiquientos incorregibles que, derrochando demagogia, han defraudado mil y tantas veces al pueblo haciendo de las suyas y de las del diablo.

La República de China (Taiwan), Israel, entre otros pequeños gigantes, a pesar de la envidia y de las graves amenazas terroristas y de fuerza bruta en general que afrontan, son un admirable ejemplo de superación integral para los mandamases de nuestro feudo centroamericano.

Diremos que están sobrando muchas embajadas que han sido establecidas, las cuales succionan las ya de por sí­ agotadas ubres de la «vaca lechera», y los timoneles de la nave (léase el Presidente y el Vicepresidente), así­ como el superabultado racimo de diputados, entre otros burócratas privilegiados, para colmo de males contribuyen a exprimir con exagerados sueldos y las abundantes «extritas» las finanzas del papá Estado, el que, como se está viendo, camina tambaleante con pesada cruz a cuestas?

Ya no más turismo presidencial, vicepresidencial, ministerial ni congresal, señores del jurado. ¡Por favor!

De los últimos años del siglo pasado para atrás, no hubo el escandaloso trafagar de abuso como ha acontecido en lo que va del milenio que apenas está dando sus primeros pasos?

Preguntamos: ¿Para qué demonios están los «excelentí­simos» personajes de levita, o sean los embajadores? ¿Sólo de adorno y para el dolce farniente?