«Cuando yo era chiquito y estudiaba la primaria me enseñaron que Estados Unidos era el país más democrático del mundo y que sus políticos eran diferentes a las de los guatemaltecos», me comenta Romualdo Tishudo, mi entrañable amigo, al referirse a las campañas negras que contra el presidente ílvaro Colom, el vicepresidente Rafael Espada y la señora Sandra Torres siguen circulando en el espacio cibernético, y a los golpes bajos que se están propinando los aspirantes a la Presidencia de Estados Unidos en plena carrera electoral.
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Ya han transcurrido cinco meses desde que el actual régimen asumió el poder, pero parece que hay algunos obcecados que no se han dado cuenta de ello o simplemente les interesa enlodar el nombre de los gobernantes y de la esposa del mandatario, mediante el envío de correos decididamente vulgares, con lenguaje soez.
Pero también en Estados Unidos se cuecen habas, como reza el refrán popular, aunque, según despachos de prensa que he leído por la Internet, analistas políticos abrigan la esperanza de que en la actual campaña electoral norteamericana se abandonen los ataques personales, y que una muestra de esa actitud es la del virtual candidato republicano John McCain, quien no permitió que sus allegados utilizaran mordazmente el nombre de Hussein, al referirse al aspirante demócrata Barack Obama, seguramente porque ese senador por Arizona recuerda que anteriormente sufrió los ataques elaborados por Karl Rove, el arquitecto de los triunfos del presidente George W. Bush.
El efecto «Rove» lo sufrieron por igual demócratas y republicanos, pues en las elecciones de 1994 para la gobernación de Texas, corrió el rumor de que la entonces contendiente demócrata de Bush era lesbiana. Durante la batalla por la nominación presidencial republicana de 2000, se divulgaron mensajes de que McCain, principal oponente de Bush ese año, había engendrado hijos ilegítimos, además de habérsele acusado -¡imagínese usted!- de comunista y colaborador del Viet Cong, en la guerra de Vietnam. Y que su esposa era adicta a las drogas.
Se espera que si Obama le gana a la señora Clinton, no se desate una guerra de calumnias contra el joven senador negro, aunque no faltarán guatemaltecos reaccionarios que gustosamente colaborarían en una campaña de difamación contra el casi seguro candidato presidencial del Partido Demócrata. Porque, sabido es, que en Guatemala abundan perversos creativos de pésimo gusto y peores entrañas.
(Romualdo MacCarthy cuenta que al morir un acaudalado político norteamericano, su última voluntad era que se le enterrara con un millón de dólares. Uno de los hijos se opuso porque era mucho dinero y otro dijo que se deberían descontar los impuestos. La viuda encontró la solución: Que se le entierre con su tarjeta de crédito platino).