El consumismo tiene defensores y detractores. Al consumismo, en términos generales puede ubicársele como uno de los fundamentos del agotamiento de los recursos naturales y, como el verdadero origen físico del calentamiento global.
El consumismo no es más que una representación más de la parte oscura de la mente y el sentimiento de la humanidad, es decir, del egocentrismo, la voracidad, la envidia, la prepotencia, la insolencia, la vanidad, etcétera; componentes que riñen con los elementos morales, éticos y respetuosos de la Creación del universo de la que hablan múltiples religiones y demás creencias místicas.
El consumismo desmedido es promocionado por la publicidad y/o la propaganda que atiborra nuestros ojos y oídos a increíbles volúmenes en restaurantes, supermercados, mercados y hasta en plena calle. La inaguantable estridencia toca los sentidos para inundar la mente ciudadana con marcas, promociones y ofertas. Claro, todas ellas llenas de falacias, como lo mandan las escuelas de publicidad.
También es promocionado por productos que tienen un período de vida bajo, los cuales son atractivos porque son baratos pero a largo plazo salen más caros y, son más dañinos para el medio ambiente. Algunos coadyuvantes a la promoción del consumismo son algunas enfermedades como obesidad o depresión que hacen creer más fácilmente en la publicidad engañosa, creyendo con esto que pueden resolver los problemas consumiendo indiscriminadamente alimentos, bebidas, artículos milagrosos u otro tipo de productos.
Alguien dijo en una oportunidad «Desde que llegaron los restaurantes o cafeterías de «comidas rápidas» y sus alucinantes promociones a Guatemala, la gente gasta millones de quetzales al año para convertirse en un pueblo de gente obesa y con serios problemas cardiovasculares». ¡Y vaya si no es cierto! Después de pocos años el efecto se ve por todos lados entre gente de todos los estratos sociales y económicos, niños, adultos y ancianos.
Naturalmente, el asunto no se queda allí; dentro de poco, la carga económica para el Estado, el IGSS, las aseguradoras y personas individuales será tremenda al tener que combatir esas enfermedades inducidas por el consumismo y la torpeza de los consumidores.
El impacto ambiental o ecológico del consumismo es medible en muchos aspectos, pero en otros es imposible de medir debido a su complejidad. Sin embargo debe mencionarse el hecho de que la Tierra debe producir los recursos utilizados para la producción masiva de productos desechables de consumo y mitigar la voracidad productiva y la de los consumidores, así como también la Tierra debe asimilar los residuos producidos por los sectores productivos y una población dada con un modo de vida de consumo específico de forma indeterminada y que, como corolario, no tiene el conocimiento o la concienciación ecológica debido a ese mismo desconocimiento.
Visto el consumismo desde estos elementales ángulos, puede colegirse el hecho de que ningún ser humano que viva dentro de grupos consumistas puede escapar a la responsabilidad del calentamiento global. En consecuencia puede también ayudar a mitigar el impacto sobre la Tierra, cambiando sus hábitos de consumo y ajustándolos a sus necesidades reales en colaboración con los procesos ambientales, económicos y sociales que posibiliten disfrutar de una vida más sana y más larga para la humanidad en este planeta.