Cuando los legisladores establecieron en la actual Constitución Política que se garantiza a los guatemaltecos el acceso gratuito a los servicios públicos de salud, probablemente lo hicieron pensando básicamente en los sectores más vulnerables de la población, que carecen de recursos para lograr atención médico hospitalaria en sanatorios privados.
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Sin embargo, con el advenimiento de las corrientes neoliberales que pretenden que prevalezca el mercantilismo en todas las actividades de la sociedad, incluso en los servicios de educación y salud, entre otros, con el disfraz de patronatos privados se justificó el cobro de exámenes de laboratorio, ultrasonidos y varios procedimientos similares, con lo que no sólo se encareció el sistema sino que se vedó el derecho de la asistencia hospitalaria estatal a los grupos más empobrecidos del país.
En consonancia con los postulados de la ideología social demócrata que el gobierno del presidente Colom afirma enarbolar, desde el inicio de su administración se acordó que ningún guatemalteco, sobre todo de las clases menos protegidas, tendría que pagar cualquier clase de servicios prestados en los centros de Salud y en los hospitales nacionales, de manera que los llamados patronatos privados que funcionaban paralelamente o a lo interno de esas instituciones dejaron de funcionar, a fin de concederle prioridad a la salud de los usuarios.
Aparentemente, todos los centros hospitalarios del país aceptaron las nuevas reglas impuestas desde las alturas gubernamentales, y algunos directores de nosocomios que se habían coludido con los patronatos para obtener ventajas financieras, fueron destituidos, pero… Sí, pero todavía hay funcionarios de hospitales nacionales que se resisten a obedecer las decisiones de la superioridad administrativa, es decir, del vicepresidente Rafael Espada, impulsor del plan, y del Ministro de Salud Pública.
El caso típico es el del hospital nacional de San Marcos, donde persiste un llamado Comité de Damas Amigas del Enfermo, cuyo nombre hasta tiene ribetes poéticos y filantrópicos; pero que, en realidad, no es más que un patronato similar a los que funcionaban en los otros nosocomios nacionales, que cobra a los pacientes que requieren atención hospitalaria, como lo comprueban los recibos que tengo en mi poder, incluyendo nombre del paciente y el «donativo» pagado «por contribución voluntaria» (sic).
Según los marquenses que me visitaron para exponer su protesta, diariamente se hace una fila de aproximadamente 40 pacientes que requieren atención médica en ese nosocomio, pero para ser atendidos por los médicos deben presentar la Forma 1 D1, extendida por las caritativas integrantes del Comité, cuyo precios varían según el examen de que se trate, pero que no son menores de Q50. Ese Comité tiene un fondo de alrededor de Q800 mil, que es manejado mancomunadamente con el médico íngel Alfredo Longo, quien fue echado del cargo de director del hospital por malos manejos y abusos contra el personal, según versión de mis visitantes.
La anterior Junta Directiva de ese Comité -precisaron- procedía con mucha transparencia y honestidad; pero las actuales directoras, como temen que el Ministerio de Salud Pública se percate de su anómalo funcionamiento, han amenazado con vender o quedarse con el equipo e instrumental médico que dicen que les pertenece, pero que fue comprado con parte de los ingresos provenientes de los pagos exigidos a los pacientes.
Como el vicepresidente Espada ha solicitado a los columnistas que critican la función pública, que también planteen soluciones, sugiero que investigue el funcionamiento en el hospital nacional de San Marcos del citado patronato, a fin de que los habitantes de aquel departamento que no tienen dinero para pagar sanatorios ni honorarios de médicos privados, tengan acceso a los servicios públicos de salud, sin costo alguno, tal como, reitero, lo establece con claridad la Constitución Política.
(El caritativo doctor Romualdo Pixto le dice al marido de su paciente: -El estado de su esposa es muy grave. Va a tenerle que dar de comerle en la boca, llevarla al baño, cambiarle de ropa, etc. Cuando el marido se echa a llorar, el médico reacciona y repone: -¡Es broma, hombre, su esposa ya falleció!).