Esta semana, con los resultados electorales en las últimas primarias, quedó prácticamente sellado el destino de la nominación demócrata porque el senador Barak Obama logró tal ventaja que aún sin lograr el número mágico de delegados, tiene la candidatura al alcance de la mano, como él mismo dijo en la noche del martes poco antes de conocer los últimos resultados. Personalmente me ha simpatizado la candidatura de Hillary Clinton por considerar que tiene más experiencia y que Estados Unidos quedará en condición calamitosa luego del desastre de los ocho años de gobierno de George Bush, pero es evidente que es tal el desencanto de la población con los políticos tradicionales que han dado a Obama una ventaja porque constituye una real opción de cambio.
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Para la señora Clinton fue un mal momento el que tuvo para postular su candidatura porque ella misma fue de los que avalaron a Bush en el peor momento de su presidencia cuando dispuso ir a una guerra totalmente injusta (además de cara) y se tragó todas las patrañas del Gobierno respecto a las razones para invadir Irak, lo cual demuestra que su experiencia en política exterior no es tan positiva como ella ha hecho creer. Pero además una eventual elección de ella significaría que Estados Unidos estaría desde el año 88, es decir por más de veinticuatro años si es que fuera electa únicamente para un período, en manos de dos familias, los Bush y los Clinton, ambos con récord por lo menos cuestionable.
Creo que la elección primaria prolongada ha servido para que Obama logre lo que más falta le hacía para ganar la elección y es el colmillo suficiente para enfrentar a los republicanos que son maestros en el desprestigio y que volverán a usar la bandera del miedo para ganar votos. No olvidemos que esa bandera fue la que enarbolaron contra Kerry, haciendo creer a los norteamericanos que el incapaz de Bush era el seguro contra ataques terroristas, sin entender que la situación norteamericana es más difícil, débil y comprometida cabalmente por las acciones que ese fanático impuso desde el Gobierno.
Pienso que Obama logró una especie de maestría en política durante estos meses de lucha contra la formidable candidata que es la señora Clinton y que gracias a su experiencia de estos días, tendrá la fuerza, entereza y capacidad para enfrentar a McCain y a la maquinaria republicana conformada por la derecha religiosa que ha sido brutal y destructora aunque ahora no se siente tan identificada con el candidato porque éste ha tenido algunos gestos liberales a lo largo de su vida.
Creo que salvo un imponderable de última hora, relacionado con algún hecho escandaloso en su vida no conocido por el público, Obama no tiene obstáculos para aspirar a la Casa Blanca y tiene el carisma, el discurso y el equipo como para convertirse en el presidente del cambio, no sólo por el color de su piel que marcaría un hito en la historia de los Estados Unidos, sino que principalmente por la frescura de sus ideas y la diferencia de estilo entre él y quienes forman parte del sistema establecido en la política de Washington. Los políticos tradicionales fueron culpables del declive mundial de Estados Unidos y ahora el futuro puede estar en manos de uno de los críticos del poder de los cabilderos y de los grupos de interés.