La primera tragedia


Se acaba el mes de mayo, y con él se aproxima la temporada de lluvias, la temporada que más temen los guatemaltecos. Es la época de los rayos y los truenos, de la lluvia que cae incesantemente, del olor a tierra mojada, de cuando las montañas y los cerros se vuelven más verdes. Y de cuando, también, ocurren las inundaciones y los deslaves.


En el paí­s, desastres como los mencionados anteriormente son el pan de cada dí­a durante el invierno. Cada año que se inician las lluvias, igualmente inician las preocupaciones de la mayorí­a de guatemaltecos. Los que viven al lado de barrancos, montañas, volcanes, rí­os y lagos. Aquellos que por no contar con los recursos o con mejores condiciones para la vivienda, deciden establecerse en áreas de alto riesgo.

Los que al ver las primeras tormentas, ven también como el agua se acumula, como la ladera de la montaña retumba, y rezan porque no siga lloviendo, y rezan porque el agua no les llegue hasta el cuello, y rezan porque la montaña no sufra deslaves y se les venga todo encima.

Una preocupación más: subió el gas, subió la electricidad, subió la gasolina, y ahora empiezan a subir las aguas.

Con las primeras lluvias ya ocurren los primeros desastres, como en Palí­n, Escuintla, donde una correntada de agua destruyó 30 casas, dejó otras 40 con daños en sus estructuras, damnificó a más de 500 personas, y dejó una persona muerta, Una mujer de 65 años de nombre Marí­a Ester Suruy Pirir, quien antes de morir ahogada logró poner a salvo a tres de sus nietos, narró su esposo José Luis Ramos Chiquival, quién perdió todo: Su esposa y su casa. La mayorí­a de habitantes residentes de las colonias Las Marí­as, Vistas de Palí­n, Marí­a Isabel, Sacramento y la Lí­nea Férrea, sufrieron la pérdida de sus casa y sus pertenencias: refrigeradoras, estufas, roperos, ropa, comida, todo.

A esta tragedia se suma la incapacidad de reacción por parte del Gobierno, ya que en un recorrido por todas las colonias afectadas, la presencia de la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred) era nula, y la municipalidad de Palí­n no contaba con un plan de contingencia. La misma población pedí­a la presencia de Conred, para ayudar a los damnificados.

Empezaron las lluvias, y todaví­a faltan seis meses.