El primer ministro británico, Gordon Brown recibió hoy al Dalai Lama, líder del budismo tibetano, aunque en el marco de un encuentro religioso y no en su residencia oficial de Downing Street, para evitar zaherir la susceptibilidad política de China.
El encuentro, punto culminante de la visita de once días del Dalai Lama a Gran Bretaña, se llevó a cabo en el Palacio de Lambeth, frente al Parlamento de Westminster, residencia del arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, jefe de la Iglesia anglicana.
Las actividades internacionales el Dalai Lama provocan la irritación de China, que acusa al Premio Nobel de la Paz de impulsar planes separatistas.
Los predecesores de Gordon Brown, el laborista Tony Blair y el conservador John Major, habían recibido al Dalai Lama en la residencia oficial del jefe de Gobierno.
La recepción en el Palacio de Lamberth sitúa el encuentro con el Dalai Lama en un contexto espiritual, privándolo de connotación política, según los críticos.
Brown pretende así nadar entre dos aguas, mostrando que apoya la causa de los derechos humanos en Tíbet, aunque sin enfadar demasiado al régimen comunista chino.
El Reino Unido es el primer inversor europeo en China y Londres y Pekín anunciaron en enero su objetivo de alcanzar los 41 mil millones de euros en 2010 en sus intercambios comerciales.
Downing Street describió el encuentro como una «reunión interreligiosa con varios jefes espirituales», entre los cuales figura monseñor Williams.
Ni Brown ni el Dalai Lama hicieron comentarios al llegar al encuentro.
Varias decenas de personas, pro chinas o budistas disidentes, se manifestaron a las puertas del palacio. Ayer, cerca de mil protestaron con pancartas que proclamaban: «El Dalai Lama no es Dios ni el rey del Tíbet».
Gordon Brown rechazó las críticas que le acusan de «rebajarse» ante Pekín, que calificó el encuentro de «muy preocupante».
Una caricatura publicada en el periódico The Times muestra a un Gordon Brown con un libro titulado «Coraje», pero saludando al líder tibetano con una mano postiza.
El Dalai Lama, de 72 años, no quiso dejarse arrastrar en la polémica. Recibido ayer en la Cámara de los Comunes, estimó que el lugar de la entrevista no suponía «ninguna diferencia».
«Lo importante es que podamos encontrarnos y discutir», declaró, aunque agregó que Londres no hacía «lo suficiente» por la causa tibetana.
El Dalai Lama, que vive en el exilio en India desde el aplastamiento de una rebelión tibetana contra Pekín en 1959, prometió que volvería a pedirle al primer ministro que se realizara una investigación internacional sobre los enfrentamientos que tuvieron lugar en Tíbet el pasado mes de marzo.
Al llegar a Londres el martes, para una estancia que se prolongará hasta el 30 de mayo, el Dalai Lama al régimen «totalitario» chino, pero también elogió a país que «se abre» y pidió a sus compatriotas que no perturbaran el recorrido de la llama de los Juegos Olímpicos de Pekín, que debe pasar por Tíbet en junio.
El resto del programa del jefe espiritual de los tibetanos se consagrará a conferencias y enseñanzas religiosas en diferentes regiones de Gran Bretaña.
Después de Alemania, Gran Bretaña es la segunda etapa de la gira por cinco países del Premio Nobel de la Paz, que irá también a Australia y Estados Unidos, antes de llegar a Francia durante los Juegos Olímpicos de Pekín en agosto.