En Guatemala, los candidatos a la presidencia son seleccionados por pequeños grupos, cuando no por el «caudillo» o el dueño del partido. Así, el término «elección primaria» no se entiende y no se vislumbra que alguna fuerza política quiera emplearla. Los autoproclamados candidatos no permiten ningún asomo de democracia interna.
Las elecciones primarias de Estados Unidos nos han permitido apreciar un proceso que, sin ser perfecto, representa un avance en la práctica democrática. Nos ha permitido ver las diferencias entre republicanos y demócratas. Los primeros son un partido rígido y disciplinado, que siguen apoyando al presidente Bush, a pesar de sus desaciertos en política económica, internacional y de guerra. Una vez definido John McCain, candidato del siglo pasado, los republicanos han cerrado filas, con la esperanza de conservar el poder.
Los demócratas plantean un cambio importante de rumbo, que se refleja en sus dos candidatos: Hillary Clinton, la primera mujer en aspirar a la presidencia de Estados Unidos, y Barack Obama, el primer candidato afroamericano. Si bien las elecciones primarias han permitido que se generen tensiones fuertes entre estos dos candidatos y sus seguidores, también han dado la oportunidad para conocer cuáles serían sus diferencias en el ejercicio de la presidencia. Los demócratas e independientes que quieren cambios profundos y nuevo liderazgo en Estados Unidos y el mundo favorecen a Obama; los que quieren ser cautelosos, se inclinan por Clinton. Sectores reaccionarios, deseosos de un cisma en las filas Demócratas, se ven hoy frustrados con la decisión de John Edwards de apoyar a Obama, quien tras el triunfo en Oregon casi ha asegurado su candidatura.
¿Tenemos los latinos un papel en este proceso? Ambos partidos saben que necesitan ganarse el voto hispano, porque éste es determinante. Tres temas clave -la inmigración, la economía y las guerras extranjeras- deberían hacer que los hispanos votaran por los demócratas. Es impensable tener un Congreso de mayoría republicana, que terminaría de levantar muros, reales y virtuales, y proseguiría las despiadadas redadas de indocumentados. Por otro lado, la política de apoyar a los súper ricos para que se filtre el dinero hacia los ricos (neoliberalismo) no resolverá las angustias de las clases media y bajas. Finalmente, son los hispanos los que aportan un alto porcentaje de los muertos en combate y McCain ha ofrecido cien años más de guerra. Por ello, los hispanos no tienen que tomar partido entre Clinton y Obama; tienen que tomar partido y militar en contra del Partido Republicano.
Las elecciones primarias han permitido ver por debajo de las apariencias. Se espera así el cambio positivo hacia una Administración dominada realmente por los demócratas. De cara a Guatemala, estoy convencido de que hay que construir una fuerza política electoral, un Frente Amplio, integrado por la izquierda y otras fuerzas democráticas y progresistas, y en el que estemos las capas medias y los ciudadanos en el extranjero, y que la mejor manera de escoger a sus candidatos será por medio de un proceso de elecciones primarias. Necesitamos una transformación política profunda. El aire fresco de la efectiva democratización es esencial.