1. Miguel íngel aceptó el reto a pesar de que siempre sostuvo que era un escultor y no era un pintor. Tomó como tema central la historia de Jesucristo desde los más remotos antepasados pasando por personajes que anunciaron su venida como los profetas y las sibilas. Estaba a medias la obra cuando Rafael pidió al Papa que le permitiera concluir con la segunda parte, pero ya era tarde, el exigente Julio II estaba encantado con los frescos. Las condiciones para trabajar eran muy precarias, de espaldas frente a la curvatura del techo y con muy poca luz. En una ocasión el artista cayó de un andamio y estuvo convaleciente por varios meses. Cuando los frescos del techo estaban concluidos toda Roma se sorprendió de la maravillosa obra.
2. Y aunque parezca increíble a menos de 10 años de su inauguración el Papa que sucedió a Julio II había cerrado la Capilla y pensaba borrar todos los frescos. En efecto el papa Adriano Florent, Adriano VI, holandés y anteriormente arzobispo de Tortosa, España, dijo que los frescos parecían «una sala de baños llena de gente desnuda y despreciando todas las buenas pinturas y las estatuas las llamaba lascivias del mundo y cosas oprobiosas y abominables». Antes había cerrado Belvedere «para que la gente no viera las desnudeces de las estatuas antiguas». Afortunadamente, desde este punto de vista, claro está, el citado Papa murió al año y medio de su pontificado, en septiembre de 1523. (En ese entonces todavía no estaba pintado el Juicio Final).
3. Pero casi 30 años después de iniciadas las pinturas del techo otro Papa (Paulo III, el mismo del Tratado de Tordesillas y de los derechos de los indios) obliga a Miguel íngel a tomar el pincel en vez del cincel y le encarga la pared frontal de la Capilla para una obra que resaltara «la gloria y la desesperación de una legión de resucitados». Empieza el Juicio Final que concluyó en 1541 (el mismo año en que el Volcán de Agua inundó la ciudad de Santiago de Goathemala). También contiene desnudos y 23 años después se ordena recubrir las escandalosas desnudeces del Juicio Final. El encargado de «la pubidunda intrusión fue Daniello da Volterra, discípulo de Miguel íngel. En ese mismo año, 1564 murió el artista. De este mural son muchos los detalles destacados, pero en especial la figura central; una imagen de Jesucristo que vale la pena ver a fondo. No es el Jesús bueno y manso que está siempre dispuesto al perdón y la misericordia. Es el juez, serio casi severo que levanta el brazo y pareciera que está juzgando a cada uno que lo contempla. A su derecha la Virgen, la Intercesora parece que se cubre y que se quiere hacer a un lado. Cabe agregar que a diferencia de casi todas las demás representaciones aquí Cristo no tiene barba y está un poco gordito. (También el Papa Paulo IV pensó borrar ese mural).
4. Miguel íngel trabajó toda su vida hasta muy avanzada edad, aún pasados los 70 años tenía a su cargo las obras de construcción de la basílica de San Pedro (tras la muerte del Bramante). Y es que no sólo fue escultor, pintor, sino que también arquitecto, ingeniero militar y hasta poeta. Fue un hombre sencillo, consciente de su extraordinario talento y de su gloria. En vida se le conocía como El Divino. í‰l lo sabía pero nunca le dio mucha importancia. Vivió modestamente, decía «No pienso tener en Florencia más de lo que tengo porque el tener mucho no me sirve sino para tener muchas contrariedades». En sus últimos años escribió: «[quería volver a Florencia] con ánimo de reposarme con la muerte, con la que trato de familiarizarme día y noche para que no me trato peor que a otros viejos» y que «la memoria y el cerebro se han ido para esperarme a otro sitio». Al final dijo «no me quedan ánimos más que para morir». Murió a los 89 años, el 14 de febrero de 1564.
* Nota: Las citas textuales provienen del libro Vida de Miguel íngel de Giovani Papinni.