No nos insulten


En este tráfico agobiante que nos hace la vida imposible desde que amanece hasta que anochece, es frecuente escuchar insultos del más diverso calibre, todos ellos, consignados y definidos en el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, para que vean. Aparte de ello, la mayorí­a de los guatemaltecos somos malhablados por naturaleza y en el lenguaje cotidiano utilizamos -ellos y ellas-, las que se denominan malas palabras, ya no digamos si asistimos a ver un encuentro de futbol.

Héctor Luna Troccoli

Pero todos esos insultos, malsonantes son perdonados y aceptados, en comparación con los insultos cotidianos que a nuestra dignidad, a nuestra esencia chapina, a la pobreza de tantos, al desprecio hacia muchos, a la miseria y el hambre de niños, mujeres, hombres, ancianos, que con actos totalmente tontos y absurdos, nos ofrecen las autoridades y funcionarios que temporalmente ocupan los puestos de poder.

Estas situaciones sólo puedo colocarlas en dos conceptos: o el de la locura o el de la estupidez más absoluta, que raya con la cí­nica expresión de un idiota por derecho propio.

Veamos algunos ejemplos, esos mismos funcionarios y autoridades de los tresorganismos del Estado y de instituciones autónomas, semiautónomas o descentralizadas, cargan a cuestas el tema de la «crisis económica grave» que afecta a la inmensa mayorí­a de los guatemaltecos. Es un discurso repetitivo, que no pasa de eso: de ser un discurso, porque estos personajes NO VIVEN esa crisis, porque como una bofetada artera al rostro de dolor del guatemalteco, gracias a sus jugosos salarios, a los «negocios ilí­citos» que realizan, a la impunidad que disfrutan y a lo aguantadores y a la horchata que circula por nuestras venas para recibir cualquier patada en el trasero, todo pasa sin que pase nada.

Han aumentado todos los productos, particularmente los de primera necesidad, que son los que más necesita el pueblo, en tanto los salarios para los obreros y campesinos siguen «estables», en relación inversamente proporcional a lo que aumentan los de los capitalistas y por supuesto, los de estas figuras públicas que desventuradamente nos gobiernan temporalmente y que con una mano nos quieren dar la esperanza del atol con el dedo y con la otra nos abofetean sin misericordia.

Es absolutamente increí­ble que un ex rector universitario, quien dijo que ya tení­a un nombre reconocido, en este momento de crisis, nos haga público, con singular sonrisa, que piensan construir un Edificio, para esa máquina de trabajo que es el Organismo Legislativo por un costo de 64 millones de dólares lo que equivale en buen chapí­n a CUATROCIENTOS OCHENTA MILLONES DE QUETZALES, suficientes para construir 19,200 viviendas mí­nimas, o 6,400 escuelas o para dar comida durante un mes a CUATROCIENTAS MIL FAMILIAS GUATEMALTECAS.

El presidente Colom desde que llegó, se fue, para estar en reuniones que tratan de cambiar el mundo con declaraciones que después se tiran en la basura de los malos recuerdos, y el vice viaja menos pero a lugares más lejanos y se dispone a utilizar un vehí­culo apropiado a su altí­sima investidura de casi un millón de quetzales, las señoras de la SAT y la del Banco de Guatemala, siguen ganando más de Q100,000 mensuales, los pobres diputados también incrementan sus magros ingresos, los magistrados de la Corte, muy callada la boca, viajan constantemente al extranjero acompañados de sus esposas o no necesariamente de sus esposas y al igual que los del TSE que trabajan una vez cada 4 años y los de la Corte de Constitucionalidad siguen despachándose con la cuchara grande sabiendo que al salir seguirán ganando una jubilación asombrosa como la de un general del Ejército de Q19,000.00, «casi igual» a la de un jubilado del IGSS de Q400.00. Así­ es Guatemala, esta pobre patria nuestra sumida en la oscuridad de la indolencia, de la indiferencia, de la desigualdad absoluta en donde las palabritas de «tiempos de solidaridad» se lanzan con el desenfado de los que tienen cuero de danta.

Hace quince dí­as dije que «nos están jodiendo la vida», ahora encima de eso, insultan con saña, alevosí­a y ventaja. Por ello me vuelvo a preguntar: ¿no será necesaria una nueva revolución aunque para ello muchos dejemos nuestra sangre y limpiar así­ de mercenarios a nuestra patria? Piénsenlo.