La detención, en Francia, del presunto número uno de ETA, Javier López Peña, alias Thierry, asestó el mayor golpe desde 2004 a la organización independentista armada vasca, que atraviesa un periodo de gran actividad aunque el gobierno español la considera debilitada.
López Peña, detenido anoche en Burdeos junto a tres dirigentes de ETA, «sería con toda probabilidad la persona con más peso político y militar en la banda terrorista», por lo que «ésta no es una operación más» contra la organización, aseguró hoy el ministro español de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba.
Esta detención es el golpe más duro a ETA desde la detención en octubre de 2004 en el Sur de Francia del entonces máximo dirigente político de la organización Mikel Albizu, alias Mikel Antza.
Thierry, de 49 años, prófugo durante un tiempo a Cuba, pudo participar en las negociaciones que ETA mantuvo con el gobierno español del socialista José Luis Rodríguez Zapatero, interrumpidas tras el atentado cometido en el aeropuerto de Madrid el 30 de diciembre de 2006, en el que murieron dos ecuatorianos.
Thierry fue detenido junto a otros tres «importantes dirigentes» de la organización, y dos personas más fueron arrestadas hoy.
El ministro destacó también la «cooperación importantísima» de las policías española y francesa y recordó «las operaciones muy importantes, que han dado resultados relevantes», realizadas «en los últimos tiempos, hace casi un año» contra ETA.
Este último golpe a la organización tiene lugar en un momento de intensa actividad violenta del grupo separatista en los últimos meses.
ETA, que figura en la lista de organizaciones terroristas de la Unión Europea (UE), está considerada responsable de más de 820 muertes en 40 años de violencia en favor de la independencia del País Vasco.
Su campaña de atentados se reanudó al dar por terminado un «alto el fuego permanente» que duró algo más de un año, de marzo de 2006 a junio de 2007, durante el cual el gobierno español intentó negociar sin éxito el fin de las acciones armadas.
Durante esta tregua, ETA perpetró incluso un atentado en el aeropuerto de Madrid el 30 de diciembre de 2006, lo cual puso fin al intento de diálogo gubernamental.
A partir de junio de 2007, la organización multiplicó sus acciones violentas, aunque las policías española y francesa detuvieron a decenas de sus presuntos miembros y abortaron operaciones.
Al mismo tiempo, la justicia española ordenó la detención de miembros vinculados al brazo político de ETA y prohibió presentarse a las elecciones legislativas de marzo a dos formaciones independentistas ligadas a la organización.
Durante este tiempo, la organización ha perpetrado unos 20 atentados y ha reivindicado la muerte de tres personas: dos guardias civiles españoles asesinados en diciembre en Francia y un ex concejal socialista, el 7 de marzo en el País Vasco.
No ha reivindicato al ataque a una casa cuartel de la Guardia Civil hace una semana en esa región, en el que murió un agente.
A pesar de esta intensa actividad y de haber vuelto a los métodos de atacar tanto a las fuerzas de seguridad españolas como a representantes políticos –en este caso del partido socialista, en el poder– las autoridades españolas insisten en la debilidad de la organización.
«ETA se preparó después del alto el fuego para un periodo largo de violencia», ya que cuando «tiene dificultades internas y su entramado se resquebraja, aplica la violencia como una forma de unir fuerzas», estimó el ministro del Interior el lunes, tras el último atentado de la organización contra un club náutico cerca de Bilbao (norte).
La organización sufre una «debilidad interna que hace que tengan necesidad de poner bombas y de cometer asesinatos (…) para elevar la moral de su gente», consideró.
La policía francesa registró hoy el apartamento de Burdeos (suroeste de Francia) donde fueron detenidos anoche cuatro presuntos miembros de la organización separatista armada vasca ETA, en presencia de estos últimos.
Los tres hombres y una mujer llegaron en cuatro vehículos diferentes a un edificio de tres plantas en Cours de la Marne, un barrio popular del centro de Burdeos.
Dos de los hombres y la mujer ocultaban el rostro bajo su ropa y el cuarto se presentó a cara descubierta.
Todos lanzaron consignas en vasco antes de ingresar en el inmueble donde habían sido detenidos.
«Viva ETA» y «viva el País Vasco libre», gritaron antes de ser conducidos al interior del inmueble.
«Como hay cámaras, aprovecho para hacer declaraciones: denuncio la situación (…) que hay en el País Vasco en este momento», gritó en francés con acento español el único de los cuatro que no ocultaba el rostro.
Los policías enmascarados, llegados a bordo de varios vehículos y equipados con material de investigación, entraron en el inmueble para iniciar el registro del apartamento en presencia de los detenidos.
Los registros debían prolongarse durante «todo el día», según una fuente próxima al caso.
Las huellas digitales de los cuatro detenidos serán transmitidas a París y luego a la justicia española para que pueda certificar que uno de ellos es, como se cree, Javier López Peña, alias «Thierry», presunto jefe de ETA.
Según fuentes antiterroristas españolas, junto a «Thierry» fueron detenidos Ainhoa Zaeta Mendiondo, Igor Suberbiola y Jon Salaberria.
Los policías de la brigada de investigaciones y de intervención (BRI) de Bayona (suroeste de Francia) y sus colegas de la subdirección antiterrorista (SDAT, de la dirección central de la policía judicial) intervinieron «ayer, con el acuerdo del juez», indicó una fuente próxima al caso.
Las detenciones, efectuadas por unos treinta efectivos de la policía judicial francesa, en cooperación con la guardia civil española, «se desarrollaron muy bien» y las cuatro personas fueron trasladadas a la comisaría de Burdeos, indicaron las fuentes antes de precisar que las autoridades tienen seis días para llevarlos a París.
«Estamos determinando desde cuándo están en este apartamento», precisó la misma fuente.
Nicolas Teuchert, un testigo del operativo policial que estaba sentado en la terraza de un café frente al edificio de tres pisos donde estaban reunidos los presuntos etarras, dijo a la prensa que «un Peugeot 404 con cuatro hombres trajeados se estacionó en el carril del autobús. Del otro lado, había unos 20 automóviles particulares de donde salieron hombres encapuchados y armados con ametralladoras. Se escucharon tres golpes y luego nada. Permanecieron allí una hora y luego salieron con tres hombres y una mujer encapuchados que daban gritos en vasco», añadió el testigo.
En el apartamento de dos habitaciones, en el segundo piso del inmueble de un barrio popular de Burdeos, los policías habían descubierto cuatro armas cortas y en las inmediaciones, dos vehículos robados con matrículas falsas.