1. Miguel íngel entró al mundo del arte por la puerta grande con una carta de presentación que difícilmente podía ser superada. Una imagen en mármol de la Virgen cargando a su Hijo recién descendido de la cruz: La Pietí . Entonces tenía 20 años y pocos creyeron que esa obra maestra haya surgido del cincel del joven artista. Hasta se la atribuían a Cristóforo Solari, entre otros artistas. Para despejar toda duda, una noche llegó Miguel íngel frente a su obra y con fino cincel escribió sobre una especie de cinta que atraviesa el pecho de la Virgen: «Michael Angelus Bonarotus Florentinus». Claro, esta inscripción solo la pueden leer aquellos privilegiados que contemplen muy de cerca la imagen que se encuentra en la Basílica de San Pedro muy protegida por vidrios de seguridad desde que un desquiciado la golpeó con un martillo hace unos años ¡Escalofriante sacrilegio, no sé para cuál mayor si a la religión o al arte universal!
2. Para despejar cualquier duda respecto a su talento a los pocos años hizo otra entrega monumental. En 1501, la comuna de Florencia tenía un hermoso bloque de mármol de los Alpes Apuanos que finalmente el confaloniero Piero Soderini adjudicó a Miguel íngel (era el que Leonardo también quería). La obra encargada: el David bíblico, el pequeño pastor que venció al gigante Goliat. Sin embargo, el artista no lo entendió así, el David que concluyó dos años después no representa a un sorprendido chaval sino que a un esbelto joven desnudo y con una penetrante expresión retadora que no corresponde a la de un imberbe ovejero. Los florentinos lo bautizaron, desde entonces, como «El Gigante». La juventud ha sido alabada por los escritores, ha sido cantada por los poetas pero solamente la genialidad de Bounarotti pudo darle forma a la juventud en un bloque de mármol que representa el triunfo de la juventud, una juventud que perdurará por muchos siglos.
3. Habiendo llegado a sus oídos la fama del novísimo escultor el Papa Julio II lo mandó a llamar para que esculpiera las 40 imágenes que habrían de adornar su descomunal mausoleo. Julio que «no tenía nada de Papa y muy poco de cristiano» subió a la silla de San Pedro poco después del mundano Papa Borgia, Alejandro VI, por eso se dijo en esa época que primero fue Venus y después vino Marte. Era un guerrero, autoritario y egocéntrico, pero también era muy conocedor y amante del arte. Una pequeña estatua o un monumento conmemorativo no eran contenido suficiente para albergar sus restos. Tenía que erigirse un monumento portentoso único en grandeza y en belleza. Más aún, tal monumento tenía que ubicarse en un nuevo templo, una nueva Basílica de San Pedro. Aquí comenzó la idea de la construcción del mayor templo de la cristiandad, la necesidad de recursos, la venta de indulgencia, el reclamo de Lutero, etc. Cabe agregar que el famoso encargo de la tumba de Julio II fue un permanente dolor de cabeza para el gran artista aún después de la muerte del citado Papa. La obra de 40 figuras de gran tamaño nunca se concluyó y de todo ello prácticamente sólo quedó el Moisés.
4. Al igual que el David la mirada del Moisés es fiera, penetrante, que casi espanta. No se imagina uno que está viendo a un patriarca bíblico que conversaba con Dios. Pero ese tipo de expresión es una constante en el arte de Miguel íngel. A la vista del adusto gesto del Moisés alguien se preguntó ¿cómo hubiera sido la expresión del diablo si se hubiere propuesto esculpirlo?
5. A Miguel íngel la naturaleza poco le inspiraba, cuando era necesario pintarla aparecen apenas unas rocas, un árbol, un despeñadero, en todo caso sin mucho detalle. Su inclinación se balanceaba entre el arte pagano y el Viejo Testamento, entre los personajes mitológicos y los Patriarcas. Pero la fuente principal donde bebían sus musas era la figura humana, más concretamente el desnudo humano. Esta preferencia le trajo muchos problemas, desde la censura a sus obras hasta intentos de destruir los frescos o al menos tapar las impudencias. También tuvo predilección Miguel íngel por lo insólito, lo misterioso, lo grotesco y hasta lo horrible como aparecen algunas figuras del Juicio Final de las que uno casi escucha los horrísonos aullidos. También se nutrió, al igual que todos sus connacionales, de El Poeta, Dante y su Divina Comedia.
6. En 1508 Julio II, entusiasmado por su genio, le hace un encargo que en todo el medio pareció inaudito: que pintara los frescos del techo de la Capilla Sixtina. Pero, ¿por qué a él que es un escultor? En efecto, Miguel íngel desarrollaba con maestría varias artes plásticas sin embargo manifestaba que era un escultor y sus últimas obras eran esculturas de mármol. Entonces de nuevo la pregunta, ¿por qué encargarle una obra de pintura tan importante a un escultor? Sin embargo hay razones ocultas en todo este entresijo. El Bramante era el arquitecto personal del Papa; tenía como protegido a Rafael de Urbino, más joven que Miguel íngel y lo quería promover y al mismo tiempo desacreditar un poco al Buonarotti (acaso por envidia). Le sugirió al Papa que contratara a Miguel íngel para que se dieran dos posibilidades: que el artista rechazare el encargo y de esa forma cayera en desgracia frente a Julio II, o bien que iniciare los trabajos y desnudara desde el principio sus deficiencias en la pintura y de esa forma su fama de gran artista se limitara a la escultura y al mismo tiempo se convocara a Rafael para que rehiciera la obra defectuosa.